Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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30 días

Los puertorriqueños seguimos sobreviviendo a un mes del paso del huracán María.

                  Sin embargo, la respuesta -urgente, caótica,  fragmentada y totalmente necesaria- de miles de voluntarios, cientos de organizaciones comunitarias y del propio gobierno estatal y federal literalmente le ha salvado la vida a este país.

Aun así, lo que está ocurriendo en la zona montañosa es realmente una crisis humanitaria. Literalmente el gobierno federal, los militares, los alcaldes, organizaciones comunitarias y el gobierno estatal tendrán que asegurarse de mantener y aumentar los flujos de ayuda para esa región, por aire y tierra. Es una estrategia completamente distinta a la de las zonas urbanas.

Igual está pasando en zonas costeras del este, desde Loíza y Canóvanas, por todo el litoral, pasando de Patillas a Maunabo y llegando hasta Santa Isabel. La situación continúa muy peligrosa, con ríos que siguen entrando a casas, estructuras sin techos ni toldos para mitigar la intemperie. Cientos de adultos mayores, igual que en la montaña, yacen postrados en las ruinas de sus casas. Mientras, madres solteras, con sus hijos, sin hogar, esperan por ayuda.

Según se desprende de nuestros reportajes, las zonas urbanas, costeras y montañosas tienen urgencias distintas. No está claro todavía si la estrategia de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), el Ejército de Estados Unidos y el gobierno central podrá sostenerse como está.

Mientras esto ocurre, el gobierno central y el federal tratan de levantar el sistema eléctrico. Esta semana es clave. Si se conectan las generatrices del sur con la demanda del norte y entran en línea los generadores auxiliares de Palo Seco, las autoridades habrán alcanzado un logro importante para entrar en una etapa temprana de recuperación.

Las universidades privadas y la pública, así como gran parte del sistema de enseñanza de nivel elemental hasta secundario público y privado, comienzan a abrir sus puertas, dándole la bienvenida -con todo el simbolismo que ello implica- a miles de niños y jóvenes, muchos traumatizados por la experiencia del ciclón. Será necesario escucharles.

La situación de emergencia continuará en las zonas más aisladas y en las poblaciones más susceptibles, como la de nuestros niños y ancianos. Nuestra cobertura seguirá centrada en ellos, mientras también le damos seguimiento a la recuperación eléctrica y a la situación de salud pública en todo el país. A un mes del huracán, la situación todavía es crítica, pero estaremos pendiente a todo el desarrollo de los eventos de recuperación y participaremos en los esfuerzos de reconstrucción.

Cuando el huracán Katrina pasó por Nueva Orleans, la ciudad perdió mucho tiempo en coordinar los esfuerzos para restablecerse porque cada uno “jaló para su lado”. Por eso, en la isla, mantener la coordinación e involucramiento de todos los sectores será crucial para avanzar en la reconstrucción, siempre unidos, con visión de futuro. De lo contrario, jamás saldremos de la emergencia.

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