Luis G. Rivera Marín

Tribuna invitada

Por Luis G. Rivera Marín
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4 de julio: Una fecha para reflexionar

Hoy, con más fuerza que nunca, celebramos el aniversario de la Declaración de Independencia de nuestra gran nación americana — siendo este día patrio uno de profunda reflexión y solidaridad entre los ciudadanos americanos que vivimos en Puerto Rico.

Hoy, 4 de julio, recordamos que hace 243 años nuestros “padres fundadores” proclamaron el destino de los Estados Unidos de América, acuñando palabras eternas que han servido de inspiración y guía para el mundo: que todos somos creados iguales, dotados por el arquitecto del universo de ciertos derechos inalienables—entre los cuales se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Hoy, Puerto Rico vive intensamente estas palabras. Apoyándonos en este ideal, trabajamos con más fuerza que nunca para lograr que los puertorriqueños gocen plenamente de estas garantías constitucionales en igual condición.  

La Declaración de Independencia sabiamente condiciona el que se puedan garantizar estos derechos fundamentales a que el poder del gobierno ha de emanar del consentimiento de los gobernados. Y es aquí en donde radica nuestro dilema fundamental. En Puerto Rico, los poderes plenarios de nuestro gobierno no emanan de nuestra gente, sino del Congreso. Tal como ha resuelto reiteradamente el Tribunal Supremo federal, “pertenecemos a, pero no somos parte de los Estados Unidos de América”. Algo como la teoría segregacionista de “igual pero separado”.

Hoy, debemos trazarnos un camino firme y decidido para corregir esta injusticia que hemos vivido por siglos y que nos impide gozar plenamente de los derechos fundamentales. Para ello, debemos exigir igualdad en la representación ante el Congreso Federal. No podemos ser verdaderamente libres si no contamos con la representación suficiente ante el cuerpo legislativo que toma las determinaciones sobre nuestra vida, bienestar, seguridad y salud.

De igual forma, tenemos que aprovechar los foros públicos para reclamar el derecho a la autodeterminación— el cual ha sido reconocido por las Naciones Unidas como uno fundamental, y que incluso sirve de inspiración para la Declaración de Independencia que hoy celebramos.

Si bien hemos sido bendecidos en pertenecer a los Estados Unidos, sin duda alguna, nosotros los puertorriqueños, nos hemos ganado las garantías y beneficios inherentes a la ciudadanía norteamericana. Sobran las razones para concluir que hemos aportado significativamente al desarrollo, crecimiento y bienestar de la nación, y como mínimo, nos merecemos el mismo trato y consideración que gozan nuestros pares en los 50 estados. Los tiempos han cambiado, y cada vez menos se tolera la injusticia y el trato desigual. El momento es idóneo para exponer nuestros reclamos de derechos civiles; queda en nosotros hacernos escuchar. Soñemos y luchemos por un mejor mañana para nuestros hijos. 

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