Yaisha Vargas

Punto de vista

Por Yaisha Vargas
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90 días: amarnos en tiempos del coronavirus

“Cuando los botes abarrotados de refugiados vietnamitas se enfrentaban a las tormentas o a los piratas, si todo el mundo entraba en pánico, todo estaba perdido. Pero si tan solo una persona en el bote permanecía en calma y centrada, eso era suficiente”.

Thich Nhat Hanh, maestro zen vietnamita

 Lo recordaremos como recuerdan nuestros abuelos el día en que se desplomó la bolsa de valores en Estados Unidos causando la Gran Depresión en el planeta entero como un efecto dominó; como recordamos a los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York, cambiando el curso de la historia y la seguridad aeroportuaria para siempre.

A medida que se esparcen el coronavirus y la ola mundial de cierres, cancelaciones y paralización económica, nos damos cuenta de que realmente el mundo es un pañuelo sobre el cual estamos todos tejidos, y lo que ocurre en una parte lejana del mundo puede afectarnos verdaderamente a nivel personal.

¿Cómo sobrevivir emocionalmente?

Atendiendo nuestra propia emergencia interior. Cuando sintamos nuestro sistema nervioso activado debido a las noticias del coronavirus que parecen cada vez más cercanas y sorprendentes, podemos comenzar por pensar que sí podemos ayudarnos a [email protected] [email protected] Algunos maestros de “mindfulness” y “self-compassion” como Kristin Neff, Chris Germer, Tara Brach y Jack Kornfield han recomendado que, además de seguir las medidas de higiene ampliamente publicadas, podemos practicar calmar nuestro cuerpo y mente.

Podemos seguir los siguientes pasos:

* Ser conscientes de cómo nos sentimos y ponerle nombre al sentimiento en voz alta. Esto es: ansiedad, miedo, incertidumbre, temor...

* Identificar dónde lo sentimos en el cuerpo: en el pecho, en la respiración agitada, en la quijada contraída, etc.

* Poner una mano en el corazón o en alguna parte del cuerpo cuyo contacto nos reconforte: detrás de la nuca, abrazarnos a [email protected] [email protected] tocando los hombros, poner una mano en la coronilla (la parte más alta de la cabeza), o en la frente y exhalar dejando ir la tensión.

* Validar cómo nos sentimos. Decirnos la verdad es fundamental: “Sí, esto es difícil. Soy humana y temo por mi vida y la de mis seres queridos”.

* Reconocer que no somos las únicas personas que tenemos ese mismo temor. En este momento, hay millones en el mundo que se sienten exactamente igual que [email protected] “Es cierto, no estoy [email protected] Soy parte de una familia global. [email protected] se sienten igual que yo. Esto es lo que se siente ser humano en el planeta ahora mismo”.

* Desear que, tanto nosotros como [email protected] demás, podamos encontrar un punto de calma y seguridad: “Que podamos tener paz y serenidad. Que podamos salir adelante”.

Podemos escoger ver que, pese al caos y las fronteras cerradas, hay científicos de diversos países trabajando unidos con ahínco por una solución.

“Nuestro mundo necesita a aquellos que puedan recordar ponerse en contacto nuevamente con su propia presencia, aquellos que recuerden respirar, escuchar y acoger los acontecimientos de manera compasiva”, dijo Tara Brach.

Como dice Thich Nhat Hanh, podemos escoger ser el vietnamita que permanecía en calma en el bote cuando azotaba la tormenta. Podemos convertir nuestra nueva rutina de higiene en una práctica de “mindfulness”:

*  Lavarnos las manos contando los 20 segundos en nuestra mente.

*  Aplicarnos el desinfectante de manos con los sentidos abiertos: ¿cómo se siente sobre la piel? ¿Hay alguna sensación de temperatura o acaso huele de alguna forma particular?

*  Cada vez que encontremos una puerta, detenernos, hacer una respiración, considerar una manera creativa de atravesarla que ayude a la higiene (no tocar la perilla, empujarla con el cuerpo, con un codo, etc).

*  Estar completamente presentes ante las cosas que tocamos y pausar antes de saludar, no para entrar en pánico, sino para ser plenamente conscientes. Esto lo podemos hacer con cordura y serenidad.

*  Si nos toca quedarnos en casa, será tentador sentarnos a comer viendo un maratón de películas. ¿Podemos aprovechar la oportunidad para reforzar nuestra práctica de “mindfulness” con momentos más prolongados de silencio? ¿Podemos escoger hablar con nuestros seres [email protected]?

 ¿Qué cosas te faltan por decirle a algún familiar o [email protected] que amas? ¿Hay personas cercanas en el grupo de mayor riesgo? ¿Qué les dirías hoy? Si hay que dejar de abrazarnos para sobrevivir, que no quede ninguna duda de que nos amamos.

Jack Kornfield dice que el Dalai Lama se despierta cada mañana con esta hermosa oración: “Que yo pueda ser una balsa, un puente, un bote que ayude otros a cruzar el río y la inundación. Que yo sea una lámpara para aquellos perdidos en la oscuridad. Que yo pueda ser medicina para aquellos que estén enfermos. Que yo pueda ser un espacio de descanso para aquellos que están cansados. Y que pueda hacer esto por tanto tiempo como existan la Tierra, el cielo, las estrellas y las galaxias, para poder contribuir al despertar de todos”.

Piensa sobre ti [email protected]: “que yo pueda ser fuente de serenidad para los que me rodean”.

Y repite, pensando en todos los seres del planeta: “que todos los seres estén seguros y libres de sufrimiento. Que todos los seres estén felices y saludables. Que todos los seres tengan paz”.


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