José M. García Rivera

Punto de vista

Por José M. García Rivera
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A 120 años del huracán San Ciriaco

Hoy se cumplen 120 años del azote del huracán San Ciriaco en Puerto Rico. Fue el día 8 de agosto de 1899. Su nombre proviene de la tradición de nombrar a los ciclones en la isla según el santo del día en que ocurría el fenómeno. Esa práctica prevaleció hasta 1956 con Santa Clara, oficialmente registrado como Betsy, el último huracán reconocido de esta manera en Puerto Rico.

San Ciriaco fue el primer huracán en azotarnos desde el comienzo del control colonial de Estados Unidos. También es el primer ciclón categoría 4 (escala Saffir-Simpson) en tocar tierra en la isla, de acuerdo a los archivos del Centro Nacional de Huracanes, que comienzan en 1851.

El ciclón San Ciriaco tuvo la ruta típica de un “huracán de Cabo Verde,” formándose lejos al este del Caribe. Destrozó a Guadalupe como un poderoso meteoro categoría 4, temprano el 7 de agosto y llegó a Puerto Rico al día siguiente. Tocó tierra en la zona de Arroyo y Guayama poco antes de las 7:00 de la mañana. Cruzó sobre la isla en una ruta diagonal de sureste a noroeste. Salió alrededor de la 1:00 de la tarde por Aguadilla.

El ojo del huracán San Ciriaco estuvo alrededor de seis horas sobre tierra, trasladándose una velocidad promedio de 12 millas por hora (mph).  Su intensidad estimada al tocar tierra fue de 140 mph, o categoría 4 en la escala Saffir-Simpson. La intensidad se asigna basada en vientos sostenidos de al menos un minuto, sobre el mar, y a una altura de 10 metros.

Este tipo de estimado fue incrementado en 2003, de un valor original de apenas 115 mph (categoría 3) por el Hurricane Re-Analysis Project del Hurricane Research Division, en Miami, Florida. Esa división tiene los peritos encargados de llevar los récords oficiales de ciclones tropicales en el Atlántico. Sus revisiones se hacen mediante un proceso riguroso de estudio de documentos históricos con observaciones meteorológicas, reportes daños generados y otras variables relevantes que ayuden a entender las características de la tormenta o huracán en cuestión.

Los vientos máximos sostenidos de San Ciriaco se habían reducido a alrededor de 120 mph (categoría 3) al emerger en la costa noroeste de Puerto Rico.  Algunos datos meteorológicos de interés incluyen las presiones barométricas que fueron registradas en Guayama, Arroyo, y Juana Díaz, donde hubo medidas verificadas de 939, 944, y 952 milibaras (mb), respectivamente. (La presión atmosférica promedio a nivel del mar es de alrededor de 1013 mb.  Al ser sistemas de baja presión, este tipo de medidas sirve para estimar la intensidad general de los ciclones tropicales.)

En el caso de San Ciriaco, ráfagas de 112 mph fueron medidas en Mayagüez y el Negociado del Tiempo (predecesor del Servicio Nacional de Meteorología) en Puerta de Tierra registró vientos de 66 mph. El núcleo de vientos máximos asociados a la pared del ojo pasó al sur de San Juan, sobre los pueblos del interior de la isla.

Para poner en contexto, San Ciriaco tiene la tercera presión barométrica más baja entre los huracanes que han tocado tierra en Puerto Rico. Lo superan solo María (2017) con 920 mb, y San Felipe II (1928) con 931 mb, respectivamente. En términos de intensidad de vientos, San Ciriaco es cuarto en el “ranking” oficial al tocar tierra en la isla en el siguiente orden: San Felipe II (160 mph), María (155 mph), San Ciprián (145 mph), y San Ciriaco (140 mph).

A pesar de la impresionante estadística de intensidad de vientos, San Ciriaco es reconocido por generar uno de los mayores eventos de lluvia en Puerto Rico. Adjuntas registró un total de 23 pulgadas de lluvia en apenas 24 horas. Sólo las inundaciones de Mameyes, en 1985, tuvieron una medida de precipitación de 24 horas (23.75 pulgadas) mayor que la registrada en San Ciriaco. El promedio de lluvia para toda la isla en las 48 horas asociadas al paso de San Ciriaco fue de 10.1 pulgadas. Este es el promedio de lluvias durante dos meses de verano en Puerto Rico.

La marejada ciclónica fue otro factor determinante, nuevamente en la zona de Punta Santiago, Humacao, como durante el azote del huracán María. Sin embargo, San Ciriaco aparenta haber generado una marejada mayor, con estimados de hasta 15 pies de altura y una propagación tierra adentro de cerca de una milla, en la zona del barrio Pasto Viejo. Se dice que todavía se encuentran caracoles que arrastrados por la marejada en el suelo allí. Lo cierto es, que esta marejada fue devastadora, y se estima que decenas de vidas se perdieron, incluyendo familias enteras. (Vea “La marejada ciclónica de San Ciriaco”, por Angel L. Rosado Bauza, publicado por El Nuevo Día el 22 de junio de 1997.)

En términos de muertes directas, utilizando la definición del Centro Nacional de Huracanes, San Ciriaco es el huracán más mortífero en la historia de Puerto Rico. Un estimado de 3,369 personas fallecieron en la isla, mayormente a causa de las inundaciones extremas. De este total, 2,569 perecieron ahogados y 800 por heridas fatales, recibidas a causa de los vientos. Estos estimados han sido publicados en rigurosos estudios, por ejemplo, Salivia (1972), Fernandez-Partagás (1996), Alexander (1902), y Miner Solá (1995), entre otros.

El valor monetario de los daños causados por San Ciriaco en la isla fue de cerca de 36 millones de dólares, no ajustados a la inflación actual. El cálculo ajustado a la inflación actual superaría los 1.1 billones de dólares en pérdidas. Esto es bastante inferior al estimado combinado de 90 billones de dólares en pérdidas para Puerto Rico e Islas Vírgenes Americanas tras el paso del huracán María. Sin embargo, tomando en consideración la mínima infraestructura, economía y población de la época, podemos entender lo extremo que resultó el azote de San Ciriaco.

El nombre del ciclón o huracán de San Ciriaco retumbó entre generaciones de puertorriqueños, por su impacto y repercusiones. Además, ha quedado grabado en lo más alto de la historia ciclónica de Puerto Rico y de su historia en general.



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