Julio E. Quirós Alcalá

Punto de Vista

Por Julio E. Quirós Alcalá
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A 40 años de la partida de Luis Muñoz Marín

Este año conmemoramos el 40 aniversario del fallecimiento de Luis Muñoz Marín. Uno de los periódicos de la época describiría el acontecimiento como “La muerte del último prócer”. 

Aún recuerdo esos días muy vívidamente. Mi padre trabajaba como jefe de la escolta de don Luis y compartía con la familia diariamente informes sobre el estado de salud de Muñoz. Recuerdo que el 29 de abril, mi papá nos dijo: ¡Creo que de hoy no pasa! y se fue a su cuarto como si una carga y una pena le embargara en todo su cuerpo. Una llamada en la madrugada nos despertó a todos: ¡Muñoz está grave! Inmediatamente salió de la casa corriendo al hospital Mimiya en Santurce.  En menos de una hora Muñoz fue declarado clínicamente muerto.    

Lo que transcurriría en los próximos días nadie se lo esperaba. Un cúmulo de personas que llegaban de toda la isla deseaban estar con la familia de Muñoz Marín en el proceso del duelo. Desde el hospital Mimiya, la funeraria Ehret en Río Piedras donde fue preparado el cuerpo, y luego, su trasladado al Capitolio en San Juan se podía apreciar una gran cantidad de público que esperaba por las informaciones oficiales de su sepelio. 

Fue el Capitolio la primera parada pública del féretro de Muñoz. Un contingente humano se colocaba en una fila que le daba la vuelta a la Casa de las Leyes. Cuando las personas entraban al recinto, se encontraban con el ataúd en la rotonda del Capitolio. Allí se organizaron las primeras guardias de honor que comenzarían con las de los exgobernadores de Puerto Rico, siendo este momento inmortalizado por fotógrafos como Jack Delano, Armando “Mandín” Rodríguez y Luis Ramos siendo la primera vez que los hasta entonces cinco gobernadores electos de Puerto Rico estaban presentes (uno de ellos fallecido) en una actividad. Las guardias de honor finalizaron con la de los integrantes de su escolta. Una fotografía tomada por Armando “Mandín” Rodríguez denota la tristeza de ese grupo de servidores públicos que por más de 16 años estuvieron junto a Muñoz y que, más que personal de seguridad, eran parte de su familia.      

Fueron tres días en los que el ambiente en la isla se sentía una profunda tristeza, una carga emotiva y de impacto en el pueblo que quedaría grabada en la memoria y en el corazón de todos los puertorriqueños. 

Su entierro sería en la montaña, donde nació su padre, Luis Muñoz Rivera y donde aún reposan sus restos en el Mausoleo creado por don Ricardo Alegría para conmemorar su centenario en 1960. Como nota curiosa, cuando se comenzó a trabajar para preparar la tumba en Barranquitas, los encargados de esa labor se dieron cuenta de que el ataúd de Muñoz Rivera estaba a poca profundidad y era muy pesado, por lo que removerlo resultaría complicado y atrasaría los preparativos para recibir a Muñoz dos días después. Para evitar contratiempos se sugirió mantener el féretro de Muñoz Rivera donde estaba y colocar una capa de cemento sobre el ataúd para ubicar sobre este el féretro de Muñoz. Por eso es que cuando usted visita el Mausoleo de la familia Muñoz en Barranquitas se encuentra en la parte central del mausoleo una caja de granito color crema claro. Es que en esa caja de granito se encuentran los restos de Muñoz sobre el suelo.   

Un mes luego del fallecimiento de Muñoz se estableció la Fundación Luis Muñoz Marín donde era su residencia en la carretera de Río Piedras a Trujillo Alto. Su propósito partía del deseo de Muñoz y de su familia de la conservación y preservación del acervo histórico importante sobre el desarrollo del siglo 20 en Puerto Rico. También el espacio físico constituido por su residencia, oficinas y jardines, lugares por los que Muñoz transitó solo o con amistades para hablar sobre los problemas de Puerto Rico o como espacio ideal para la lectura y la redacción de sus escritos.

Es así como comienza el proyecto del Archivo Histórico que también cumple cuarenta años de existencia. De la mano de especialistas como la Dra. Aida Caro Costas y Luis Manuel Rodríguez Morales se comenzaron a desarrollar las labores de catalogación y manejo de las colecciones históricas. Este repositorio documental comprende desde los materiales producidos por Muñoz mediante su gestión como servidor público y humanista a través del siglo 20, hasta más de 52 colecciones históricas que se han sido donadas para que sirvan de referencia complementaria para la investigación de diversos temas de la historia de la isla. Hoy, estas colecciones se encuentran disponibles a los investigadores y al público en general para su consulta, convirtiéndose en herramientas educativas de gran importancia para el estudio y comprensión del Puerto Rico contemporáneo. 

No cabe duda de que el Archivo Histórico de la Fundación Luis Muñoz Marín se ha convertido en el mejor homenaje a la figura de Muñoz. Un proyecto abierto para la consulta e investigación seria de nuestro pasado reciente. Cuando paseo por los pasillos del depósito lleno de cajas especiales con documentos históricos me convenzo de la importancia de este proyecto cultural y educativo para las generaciones de puertorriqueños de ahora y en el futuro que buscarán en la historia la realidad de su destino.

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