Luis G. Fortuño

Tribuna Invitada

Por Luis G. Fortuño
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A bajar las tasas contributivas

¿Sabías que el impuesto corporativo en Puerto Rico es el tercero más alto del mundo, justo detrás de los Emiratos Árabes y Chad? La tasa máxima corporativa aumentó en el 2013 de 30% a 39%, y en el proceso eliminaron la reducción ya legislada a una tasa de máxima de 25%. Esta realidad nos puso en desventaja competitiva en momentos que necesitábamos urgentemente atraer capital y crear riqueza para continuar estimulando el crecimiento económico. Para dicho momento nuestra economía llevaba año y medio en terreno positivo. El efecto fue devastador y no nos hemos recuperado desde entonces.

Mientras menor sea la carga contributiva a los negocios, mayor es la capacidad de expansión de éstos y de creación de empleos. La tendencia global es de menos impuestos y sistemas más simples. Por ejemplo, la tasa corporativa promedio en el mundo bajó de 30% a 22.9% durante los pasados 12 años. Más aún, las principales cinco economías emergentes -Brasil, Rusia, China, India y África del Sur – tienen una tasa de 28.32%, muy por debajo de la nuestra.

En el 2013 también aumentaron la tasa efectiva individual para seguir alimentando el gigantismo gubernamental. Dicha tasa es considerablemente mayor que la de otros países como República Dominicana y Costa Rica, con tasas de 25% y 15%, respectivamente; y donde la economía creció sobre 4% en el 2016.

Hoy más que nunca, en Puerto Rico hay que bajar las tasas contributivas corporativas e individuales tal y como ha sido la tendencia global, si queremos echar adelante. Contrario a la tendencia mundial, entre 2013 y 2016 Puerto Rico eliminó exenciones contributivas, aumentó tasas e impuso nuevos impuestos, todo a costa de los contribuyentes para cubrir aumentos en gastos del gobierno. Entre estas medidas se destacan el B2B, el impuesto especial sobre la gasolina y el alza de 4% en el impuesto de ventas (IVU) de 7.5% a 11.5%, el más alto en todos los Estados Unidos. Lejos de lograr sus metas, estas reformas frenaron el crecimiento de año y medio que llevaba nuestra economía y fallaron en cumplir con las expectativas de ingresos. Peor aún, dichas medidas aceleraron la ola migratoria que ha afectado a todas nuestras familias.

Está comprobado que la reducción de impuestos provoca crecimiento económico y aumenta la competitividad y productividad. La reducción en tasas contributivas individuales pone más dinero en manos de los consumidores, permitiéndoles pagar la matrícula del colegio de sus hijos o invertir en un negocio familiar. El impacto positivo de dichas reformas aumenta cuando van acompañadas de ajustes en el gasto público y medidas pro-crecimiento, como las APP y desreglamentación.

Ahora bien, mientras el Gobierno de Puerto Rico evalúa y establece su reforma contributiva, es crucial que los contribuyentes entendamos que el control de gasto público, puede no ser popular, pero es necesario para lograr dichas metas. En Perú, por ejemplo, los contribuyentes frustrados por las altas contribuciones y la pobreza de los servicios han creado la organización Contribuyentes por Respeto (CpR) para velar por el gasto gubernamental y así garantizar servicios de calidad. La CpR se ha convertido en la voz de un pueblo -ciudadanos y empresarios- que, al igual que Puerto Rico, estaba disgustado por las altas contribuciones y la ineficiencia del gobierno.

Como ciudadanos no solo estamos obligados a pagar impuestos, servir como jurado y actuar como testigos en corte; sino también a velar por el uso responsable del dinero público. Solo así garantizaremos servicios de calidad y un ambiente de negocios competitivo que redunde en una mejor calidad de vida, más oportunidades de empleo y mayores ingresos.

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