Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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Abandonados nuestros hermanos de Culebra y Vieques

No hay peor abandono que el que un ciudadano le impone a otro, sobre todo si es injusto y remediable. Los hermanos y hermanas residentes en las islas municipios de Culebra y Vieques tienen evidencia en su memoria colectiva de un largo y triste historial de episodios de abandono institucional desde la isla grande. 

Ha sido tanto el abandono y tan extrema la indiferencia, que la población ha llegado a considerar la separación política de Puerto Rico. En momentos de desastres y emergencias (como en el huracán Hugo, categoría 3-4, septiembre 1989) recibieron ayuda voluntaria, solidaria e inmediata de personas de las Islas Vírgenes antes de recibir alguna del gobierno insular de Puerto Rico. Hermanados en la desgracia, se sintieron más cercanos a los residentes de las otras islas que ni siquiera son hispanoparlantes. Las filas para agua, hielo, gasolina, medicinas y comida fueron enormes y lentas. Lo que es incomprensible es que potencialmente se repiten en cada huracán que les toca en cada temporada anual. 

En estos momentos, una vez más, viven otro vergonzoso e indigno episodio de escasez de provisiones de todo tipo, pero no por causa de un fenómeno atmosférico sino por la incapacidad del gobierno central de proveerles una forma segura y eficaz de abastecimiento y transportación por barco. Como si fuera poco, hace meses que sufren los agravios de problemas de transportación regular hacia Puerto Rico con el “cambio de ruta corta” no consultado, llevándoles a perder citas médicas, laborales, escolares y otras de gestiones de servicios. 

En medio de tanto vejamen, tanto viequenses como culebrenses sufrieron la burla de ser dejados sin transportación para que un millonario pudiera realizar su boda en las bellas tierras y playas de Vieques. A dos semanas del desplante traicionero, se dañan las lanchas sin que la Autoridad de Transporte Marítimo (ATM) haya priorizado su arreglo.

¿Por qué tienen que aceptar vivir emergencias como estas reviviéndoles desgracias de huracanes y haciéndoles sentir como ciudadanos de poca valía? Es vergonzoso. Los residentes de nuestras dos islas del este sienten que los puertorriqueños de la Isla Grande solo se acuerdan de la Isla Nena y Culebra para vacacionar pero olvidan el resto del tiempo que allí hay comunidades residentes permanentes con muchas necesidades descubiertas o inciertas en su satisfacción y atención. 

Muchos huracanes que no llegan a tocar a la isla grande de Puerto Rico pasan y afectan las islas. Si la respuesta de emergencia no puede darse correctamente, ni siquiera bajo tales condiciones, no es sorpresa que menos pueda el gobierno insular hacerlo cuando los huracanes nos tocan tierra adentro como lo hizo María. 

Los residentes de las islas son iguales al resto de los boricuas en derechos y necesidades. Viven en paraísos naturales seriamente descuidados y desatendidos por el gobierno central. Sus vidas se ven continuamente trastocadas por ineficiencias de transporte y provisiones en artículos de primera necesidad. Las dos islas no son independientes ni autosuficientes pues ni siquiera tienen ríos, y los proyectos para proveerles agua han sido insatisfactorios o fallidos. Es inconcebible que no haya habido un gobierno insular que pueda establecer soluciones permanentes.

Ahora amenazan con solucionar el asunto con el gran cuco de la privatización. Nunca les han dado la atención que merecen y ahora quieren condenarles a un servicio que responde a intereses privados lavándose las manos de la responsabilidad del gobierno. ¿Quién puede creer que esto es la solución para estos ciudadanos? ¿Dónde quedan las responsabilidades gubernamentales? El gobernador activa hoy la Guardia Nacional para el suministro de emergencia en estos momentos pero les pregunto, ¿por qué seguir improvisando si la solución responsable es otra? 

Nuestros hermanos y hermanas merecen una solución permanente de buen servicio gubernamental, no un acto de héroe mediático sacado de la manga. Resolver bien el problema de transportación no solo es lo correcto y justo para los residentes sino, además, lo necesario para promover una efectiva y lucrativa  industria de turismo hacia las islas con las playas más hermosas del mundo y la gente más hospitalaria y valiente.

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