Juan Antonio Candelaria

Tribuna Invitada

Por Juan Antonio Candelaria
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Abucheo como expresión de enfado frustrante

En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) el abucheo es definido como: “dicho especialmente de un auditorio o de una muchedumbre: Sisear, reprobar con murmullos, ruidos o gritos”. Otras definiciones se refieren al término como "manifestación colectiva y ruidosa de desagrado o protesta que se da en un espectáculo o en una concentración de pública”. 

El abucheo, parece algo común en pueblos civilizados, donde no se ajustician a quienes fallan al pueblo.  En Puerto Rico, varios líderes políticos han sido objeto de tal trato en actos multitudinarios: Carlos Romero Barceló, durante los Juegos Panamericanos de 1979; Luis Fortuño, en 2010, durante la inauguración de los II Juegos Latinoamericanos de Olimpiadas Especiales, en el estadio Hiram Bithorn y Alejandro García Padilla, cuando mencionaron su nombre en un acto en el Cementerio Nacional, en mayo de 2016. En los pasados días, El gobernador Ricardo Rosselló fue abucheado en el acto de bienvenida al boricua Alex Cora, así como a miembros del equipo de Boston, campeón de las Grandes Ligas de los Estados Unidos, cuyas ejecutorias dirigió exitosamente.

El común denominador de tales reacciones del público en los citados casos fue que ninguno de los entonces gobernadores pudo revalidar en sus puestos. Por tanto, tal parece que el abucheo es el asomo de una más contundente expresión sufragista por parte del pueblo. 

En otras latitudes, con culturas más radicales, la expresión ciudadana es mucho más descabellada.  Al norte, con “supuestamente” civilizaciones más adelantadas que la nuestra, las formas de expresión del malestar ciudadano son más desproporcionadas e inapropiadas. Por ejemplo, En Estados Unidos, bombas han sido enviadas por correo a políticos, o los acorralan e insultan en restaurantes, queman banderas, y surgen marchas, como la de Fergunson, en las que se destruyen propiedades. También han ocurrido horribles tiroteos a congresistas y hasta muertes violentas de presidentes en el pasado.  

Si comparamos, el abucheo, aunque no se tenga como una expresión elegante de manifestar molestia, es mucho más civilizado que las acciones tomadas en otros lugares.

Entonces ¿a qué viene el desagrado? ¿Por qué la protesta? Existe desagrado por el despilfarro, identificado en salarios exuberantes o en compras de vehículos de lujo en tiempo de bancarrota, uso de helicóptero oficial para viajes personales con una criminalidad sin freno, exorbitantes pagos de horas extras a escoltas, mientras otros agentes de la Policía sufren carencias.

Es también la expresión de descontento por un gobernador que opta viajar al exterior, mientras el país arde en líos y escándalos, porque ha mantenido silencio ante los nombramientos de políticos derrotados, amigos o familiares en la Legislatura. Porque se gasta en lo innecesario, obviando lo necesario. En fin, las personas que expresaron su descontento recientemente en Caguas, transitan por las vetustas y desastrosas carreteras del país y sienten desagrado.

Muchos podrán argumentar que, en el caso de Rosselló, se trató de una actividad deportiva de pueblo. Sin embargo, cuando los políticos irrumpen en ese tipo de actividad, (muchas organizadas incluso por políticos) no descartan obtener capital proselitista a costa de logros deportivos o artísticos. Entonces, desvirtúan el evento, convirtiéndola en actividad política. 

Aunque el abucheo no es una forma elegante de expresión, de alguna manera, el pueblo tiene que ventilar y canalizar sus frustraciones, so pena de un ataque cardíaco.  

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