Pedro Silva Velázquez

Tribuna Invitada

Por Pedro Silva Velázquez
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A cambiar el rumbo de la administración isleña

Luego del paso del huracán María, el 20 de septiembre de 2017, la primera reacción fue de sorpresa ante la magnitud y el impacto destructor del fenómeno natural. No se conocía una destrucción tan grande desde 1928. Hoy estamos a más de dos meses de aquella fecha en medio de un mal manejado desastre en las carreteras, el sistema eléctrico, el sistema de agua potable, los hospitales, la educación, la provisión de alimentos, la distribución de combustibles, el manejo de los puertos, la seguridad pública. El gran desastre de una administración enclaustrada en su Centro de Operaciones de Emergencia en un hotel de cinco estrellas.

Las primeras veinticuatro horas se tomaron las medidas estimadas necesarias para la seguridad pública: el toque de queda y la ley seca. Lo que pocos sabíamos era que durante ese tiempo se estaban afinando contratos leoninos e innecesarios contra el erario público. Tampoco conocimos el hecho de que se inactivó la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Desastres, y que no se reconoció el Plan Estatal de Manero de Emergencias y Desastres luego de un Huracán.

La respuesta de la gente y muchos alcaldes ha sido lo que se espera en una situación de emergencia: en el Hospital del Niño un millonario instaló un sistema de energía eléctrica ($250,000); en el Municipio de Loíza instalaron otro sistema eléctrico a base de energía solar dependiente de una iglesia; en la Perla, San Juan, un artista local promovió la instalación de una lavandería comunitaria con energía solar; en la UPR Humacao se instaló un sistema para potabilizar agua (Water Tower) con apoyo de la organización sin fines de lucro Planet Water; la organización comunitaria Casa Pueblo respaldada por la diáspora boricua se ha encargado de llevar luminarias solares en Adjuntas y pueblos adyacentes; el Colegio de Ingenieros de Puerto Rico hizo un análisis gratuito determinando que una parte importante de la Central Eléctrica Palo Seco puede funcionar y aliviar el desastre energético; un grupo de voluntarios y funcionarios del estado de Utah trae generadores eléctricos y equipos solares para personas que requieren equipos médicos; el Colegio de Ingenieros de Puerto Rico se presta a colaborar en la evaluación de escuelas publicas para acelerar su apertura; artistas y deportistas  internacionales se han tirado a los barrios a repartir agua, alimentos, linternas y medicamentos, pagando de su bolsillo.

Lo primero que esperábamos de la administración Rosselló es que ejecutara el plan para manejo de desastres. Lo contrario es improvisación y negligencia criminal. Lo segundo es que fuera a las zonas destruidas a llevar alivio. Tercero, que tuviera una sólida base de informaron para establecer una comunicación efectiva con las agencias de ayuda estatales y federales. Cuarto, se necesita la transparencia que escasea en el Centro de Operaciones de Emergencia. Centro que no tiene razón de ser, si existe una Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres.

Lo que esperamos de la administración del gobernador Ricardo Roselló es que tome en cuenta los esfuerzos que ha realizado la gente local y del exterior para aliviar los efectos del huracán María y cambie el rumbo de su administración. Estos esfuerzos de alimentar, iluminar, proveer energía sustentable y servicios a la población han sido exitosos y costo efectivos. Representan una respuesta adecuada al desastre y el camino hacia una verdadera recuperación económica y social de la Isla.

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