Rolando Padua

Tribuna Invitada

Por Rolando Padua
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Acción contra las desilusiones para paliar la crisis

A sólo días de comenzar la época más alegre del año, los puertorriqueños, por desgracia, vivimos en un país sin ilusión. Todos los días nos repetimos una y otra vez el estribillo de “Puerto Rico se levanta”, pero lo cierto es que todos los indicadores señalan lo contrario, lo cual ha demolido poco a poco la esperanza colectiva de reconstruir el país. 

Vivimos frustrados por muchas razones, comenzando con la obvia ineficiencia de quienes nos gobiernan y, más aún, porque la nueva realidad puertorriqueña provocada por el huracán María hace tan compleja la vida diaria, que es sumamente difícil alimentar las ilusiones de un mejor futuro, las cuales se funden con cada apagón.

Muchos se debaten sobre la posibilidad de escapar o no de Puerto Rico, ya que parece que el “sueño americano” ya no reside en nuestra isla y se ha mudado a Florida o Nueva York. 

¿Qué hacemos entonces cuando falta la ilusión? 

Esa es la pregunta que se hace todo puertorriqueño sin servicio eléctrico, sin cuidados básicos de salud y sin oportunidades para conseguir un buen trabajo. Encontrar una repuesta a esta pregunta es muy complicado. 

Tenemos dos opciones en este complejo escenario, o apostamos a que nuestra nación se levantará o nos resignamos al desastre y a la mediocridad. 

El problema para definir una ruta está, sin embargo, en que nadie sabe a ciencia cierta en dónde estamos y hacia dónde vamos, comenzando por nuestro gobierno, pues sus líderes parece que no acaban de entender el sufrimiento de la gente. 

Nuestra realidad es muy triste a más de 60 días del peor huracán que ha pasado por nuestra isla, pues gran parte de la población aún no cuenta con servicios básicos, como los servicios eléctricos y de agua potable, y una parte importante de la población carece de un techo seguro donde vivir.  

Es lamentable que la clase política, tanto de la isla como en Washington, se esté aprovechando de la gran desgracia puertorriqueña para ganar galones políticos. Nos mienten todos los días, descaradamente, y quizás ahí estribe nuestra mayor calamidad.

Quizás de todo esto salga algo bueno y que por fin entendamos que nadie va a resolver nuestros problemas, que somos nosotros, los puertorriqueños “de a pie”, los que debemos enderezar nuestro país. 

Ya basta de reírle las gracias a nuestros políticos, sin importar la afiliación política que tengan. Es momento de rehacernos, de crear un nuevo sistema en el cual todos podamos desarrollarnos. Esta tarea, sin embargo, no es sencilla y tomará tiempo. Pero, ¿qué más nos queda? ¿Cuanto más podemos aguantar la mediocridad y la falta de respeto? 

Necesitamos un nuevo gobierno, no en tres años, ¡lo necesitamos ahora! Y ese gobierno debe ser el propio pueblo, manifestando su malestar y exigiendo respeto, entendimiento y acción.

Aunque no existe una formula mágica que solucione nuestra nueva realidad, está en cada uno de nosotros asegurar un camino que nos lleve a una solución. Es responsabilidad del gobernador, el garantizar que el presupuesto del país atienda con prioridad la reconstrucción del país. Está en manos de la legislatura comenzar a recuperar la confianza de un pueblo que no se ve representado en ella. Está en cada uno de nosotros el fortalecer nuestras comunidades y promover la autogestión. Debemos organizar nuestras comunidades, para juntos asistir a quienes más lo necesiten y reconstruir esos espacios tan necesarios en nuestra sociedad. No podemos depender que el gobierno, el cual nos ha fallado grandemente durante toda esta emergencia, nos continúe ilusionando con discursos y promesas que se funden con cada apagón. 

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