Gerardo J. Bosques Hernández

Punto de Vista

Por Gerardo J. Bosques Hernández
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Aciertos y desaciertos en el nuevo derecho sucesorio

Existe una alta probabilidad de que previo a que culmine el año 2020 nuestro derecho privado se rija por un nuevo Código Civil. Debemos ser críticos del proceso legislativo que de manera abrupta culminó en la aprobación de esta pieza legislativa. El Código no es perfecto, pero opino que, en comparación con el derecho sucesorio vigente, representa un avance. En esta columna visitaré algunos de estos aciertos y desaciertos en el nuevo derecho sucesorio. 

El derecho sucesorio vigente con respecto a las formalidades del testamento es sumamente riguroso. Por lo regular cualquier incumplimiento con la forma produce la nulidad del testamento, descartando así la voluntad del testador. Se crea un “culto a la forma” como lo denominó en su momento el juez Jaime Fuster Berlingeri. A mi juicio, si es posible establecer mediante prueba extrínseca la intención del testador, esta debe prevalecer ante el incumplimiento de la forma. 

El nuevo Código permite en algunas instancias indagar la voluntad testamentaria en estos casos. Me parece que es un importante acierto. No obstante, aunque es un gran paso hacia adelante, falla en llegar a la meta. En pleno siglo XXI, la comunidad internacional, que está atravesando una pandemia, se está rigiendo por la tecnología. Por tanto, no incorporar al derecho sucesorio los medios tecnológicos para salvaguardar la voluntad testamentaria es un gran desacierto. La nueva normativa se limitó a incorporar tímidamente el uso de medios tecnológicos para el testamento en caso de epidemia o cuando la persona se encuentra en peligro inminente de muerte. No obstante, en esos dos casos, requiere la presencia de tres testigos. A mi entender esta limitación es un gran desacierto.     

El viudo o la viuda, llamado cónyuge supérstite, pasa a ser una de las personas más protegidas en la nueva normativa. Creo que se le hace justicia en comparación con el derecho vigente. Actualmente su derecho es un usufructo viudal, un derecho sobre una fracción de los bienes de la herencia. La cuota viudal usufructuaria representa un vestigio de un estado de derecho español, decimonónico y patriarcal. Al cónyuge supérstite en el nuevo Código se le designa heredero forzoso en primer orden, concurriendo con los descendientes en partes iguales. 

De igual manera, con respecto a la sucesión intestada (falta de testamento), el cónyuge es designado heredero en primer orden. Estos cambios, de por sí, representan un gran acierto, pues además se le reconoce el derecho a permanecer en su vivienda familiar. El nuevo trato que se le da al cónyuge supérstite también es un acierto. Sin embargo, es ineludible resaltar que el nuevo Código, en derecho sucesorio, acoge el matrimonio como el único modelo familiar. De esta forma invisibiliza a las parejas estables no casadas abstrayéndose de una realidad en nuestra sociedad puertorriqueña. Es un desacierto no reconocer derechos hereditarios y protecciones sucesorias a aquellas parejas que escogen no casarse. 

En un balance de aciertos y desaciertos, opino que el nuevo derecho sucesorio representa un avance al compararlo con derecho vigente. Ello no significa que los asuntos que se han quedado pendientes o incompletos justifiquen que tengamos que esperar por ellos, cien años más.

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