Luis Fortuño

Tribuna Invitada

Por Luis Fortuño
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Actuar con generosidad por Puerto Rico

Hoy le he pedido al gobernador Rosselló que renuncie a su posición para dar paso a la reconciliación y al orden. Necesitamos que se reestablezca el orden y se retome el norte. Los líderes actuales de la isla tienen esta obligación.   

Este pedido no lo hago a la ligera, pues reconozco su trascendencia para todos nosotros en Puerto Rico.  Lo ocurrido en las últimas semanas es algo sin precedente y nos preocupa a todos los que amamos nuestra isla. Desafortunadamente, el resultado de estos acontecimientos es que el vínculo sagrado entre el gobernante y los gobernados se quebró. Se perdió la autoridad moral para dirigir los destinos de la isla.

Luego de perder nuestro crédito y del impacto del huracán María, Puerto Rico no aguanta una crisis institucional como la actual. Esta situación amenaza el futuro de todos y destruye la poca credibilidad que le quedaba a la isla en Washington y el resto del mundo. Que no quepa la menor duda – si esta situación no cambia, se destruye el ambiente de negocios en la isla y ponen en riesgo las ayudas federales que tan necesarias son para la reconstrucción de nuestra infraestructura.

Responsablemente, no podemos ignorar las graves repercusiones de esta crisis en nuestra economía.  Los cruceros que han evitado parar en nuestro puerto esta semana son solo un ejemplo de su devastador efecto.  Ahora mismo, hay corporaciones que están reconsiderando mantener sus operaciones en Puerto Rico preocupadas por la crisis actual; hay inversores que están desistiendo de traer sus proyectos a la isla porque no resultamos tan atractivos hoy como lo éramos hace unas semanas; hay empresarios locales que no han podido conseguir sus permisos de uso para abrir sus nuevos negocios o que están reconsiderando si deben expandirlos. 

Nuestros servidores públicos están paralizados por la crisis y buscando guías de acción. El resultado de todo esto es que acelera la emigración de la isla y afecta negativamente nuestra economía.  Para efectos prácticos, el desembolso de fondos federales ya aprobados al gobierno local está estancado. El impacto de esta crisis no se puede borrar con palabras, requiere acción decisiva e inmediata. 

Más allá de los efectos negativos económicos, estamos obligados a considerar cómo esta situación afecta nuestra democracia.  El gobierno tiene como función primordial la protección de instituciones que garantizan nuestros derechos más básicos.  Cuando menospreciamos y desacreditamos esas instituciones, atentamos contra la fuerza de nuestra Constitución y debilitamos nuestra democracia.  

El residenciamiento es la herramienta que provee la Constitución en estos casos, y el mismo puede ser un camino escabroso.  Esta se dispuso para que rara vez sea utilizada y solamente con precaución y seriedad, no por discrepancias con las políticas de ungobernante. Si acabamos en un proceso de residenciamiento, estaríamos escribiendo un capítulo nuevo en nuestra historia. Debemos utilizarlo con cautela para evitar ir en contra de la intención de quienes redactaron nuestra Constitución y de ese modo, quebrantar nuestro sistema democrático.

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martes, 30 de julio de 2019

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