Julio Fontanet

Tribuna Invitada

Por Julio Fontanet
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Acusar o no acusar a un político

Muchos de los titulares de las últimas semanas —y a pocos días de la elección general— han estado dirigidos a “anunciar” acusaciones presentadas recientemente, así como ciertas investigaciones criminales en curso. Tanto unas como otras tienen un común denominador: están relacionadas con funcionarios y exfuncionarios públicos afiliados a los dos partidos con mayores opciones de triunfo.

A todos nos aborrecen los actos de corrupción, así como la mala utilización de fondos públicos. Lamentablemente, muchas personas vienen a “servirse”. Es en ese sentido que nuestra primera impresión al escuchar estas noticias sea de cierta satisfacción ya que se va a intervenir con personas que le han fallado al país.

Claro, una vez pasa esa primera reacción es necesario profundizar en el escenario planteado. Debe uno preguntarse: ¿es deseable que, a días de una elección, se presenten acusaciones o se difunda que se van a presentar cargos contra funcionarios y exfuncionarios públicos?

Me preocupó mucho cuando escuché al mantenedor de un programa matinal de radio exigir “que se presenten las acusaciones antes de las elecciones para saber quiénes son los culpables de la corrupción en el país”. Dicha equivocada actitud —que comparten muchas personas— apunta a la médula del problema y a todas sus vertientes.

El hecho de que se esté realizando una investigación —o, incluso, que se presenten cargos criminales— no significa que los imputados sean culpables. ¿Es que aún no hemos aprendido que en ocasiones se presentan acusaciones inmeritorias o por consideraciones proscritas a personas inocentes? ¿Es que acaso la presunción de inocencia es, en la praxis, inexistente; o no aplica en casos de naturaleza política?

Recordemos también que, históricamente, tanto a nivel estatal como federal, se han presentado casos inmeritorios y con matiz político a meses o semanas previos a una elección. Pocas horas le ha requerido a un jurado una determinación de no culpable. También se han presentado casos tan inmeritorios que fueron desestimados por el propio tribunal. ¡Ah!, pero su efecto en términos políticos fue devastador.

Otro aspecto que requiere análisis es la difusión pública por parte de las entidades que investigan conducta delictiva (Fiscalía, FBI, Ética Gubernamental, entre otros), particularmente en los delitos económicos. Sería ingenuo pensar que lo difunden con un fin legítimo. Ejemplo: una investigación por delitos económicos debe realizarse confidencialmente porque, tan pronto las personas vinculadas a la misma se enteran de que están siendo investigadas, pueden comenzar a encubrir su participación, a destruir evidencia o a obstaculizar su esclarecimiento. Hace poco, el director del FBI en Puerto Rico hizo un llamado a través de los medios de comunicación para que personas que sabían que estaban siendo investigadas por corrupción gubernamental comparecieran inmediatamente y cooperaran o, de lo contrario, serían arrestados y acusados.

¡Por favor! ¡¿Quién puede creer esa tontería?! Si realmente se está realizando una investigación seria —y, repito, seria— y se quiere pedir cooperación a las personas investigadas, ello se logra más profesional y eficientemente comunicándose con sus abogados y no haciendo un anuncio público en los medios.

La difusión indiscriminada e irresponsable de información a pocos días de las elecciones es desafortunada y tiene efectos nocivos en muchos órdenes; afecta las investigaciones bona fide, pero, además, provee herramientas a los abogados de defensa para luego plantear que el caso está motivado por consideraciones proscritas dada su proximidad con las elecciones. Es decir, hacer pública una investigación en curso, días antes de las elecciones, no meramente no promueve ningún interés público legítimo, sino que también es contraproducente si culmina en acusaciones.

Quienes ostentan el poder deben ejercerlo con responsabilidad y sin motivaciones ajenas al sistema de justicia penal. Qué pena que no hayan aprendido de las experiencias pasadas.

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