Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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Además del virus

     Gobernadora, no firme el código propuesto que regiría su propia elección. ¡La historia observa, y es cruel!

     La emergencia por la pandemia que intentamos combatir ocupa, razonablemente, gran parte de nuestra atención. Pero no debe ser base para que asuntos de singular importancia sean legitimados a la sombra de ese evento trágico de salud pública.

     El código electoral propuesto, comentado adversamente por expertos, contiene gran peligro para la estabilidad electoral y la seguridad del voto individual. Violenta, además, el principio elemental adaptado por todos los partidos políticos y sectores de interés: el “consenso”. 

     La angustia generada en la elección de 1980 tuvo al país al borde de violencia. Fue una votación tan apretada entre candidatos que forzó el recuento de todos los votos a la gobernación. Restó credibilidad al resultado y disparó una reacción en cadena de controversias judiciales y sociales. Fue un momento peligroso para el país.

     Ambos candidatos, Romero Barceló y Hernández Colón, apoyados por sus partidos, incluyendo al Partido Independentista, entonces concluyeron que era imprescindible ofrecer al país un nuevo esquema electoral que garantizara los derechos de los electores, simplificara los procesos y fuera visto honesto.

     La esencia para lograr las metas era el consenso—que todos los sectores electorales estuvieran de acuerdo. Se logró, y desde entonces se ha respetado, excepto en raras ocasiones y solo en asuntos colaterales. Y, para buena adscripción retórica, ese consenso requirió mucho consenso.

     ¿Por qué esa majestad? Evita lo que en el argot de quienes hemos estado adentro llaman “chillerías”. En correcto español, fraude legalizado mediante procesos cargados para favorecer un sector del electorado.

     El código propuesto contiene mecanismos y directrices con esas inclinaciones. 

     Entiendo la crítica que esta columna puede sufrir por levantarse un asunto no “coronaviral”, aparentemente alejado del clamor y urgencia del momento. Pero la experiencia me dicta que es en estos momentos cuando las fuerzas que apoyan un asunto neurálgico de controversia pública lo viabilizan.  

     Tomo esa libertad porque fui comisionado electoral por ocho años. Coadministré, con otros comisionados, elecciones y primarias difíciles. En una, la elección por la alcaldía de San Juan entre Héctor Luis Acevedo y Granados Navedo, se repitió la angustia de 1980, solo que, al estar bajo el régimen de la Ley Electoral forjada bajo consenso, se logró un resultado justo, validado posteriormente por los tribunales, tanto federales como de aquí.

     Entonces, mi convocatoria a la gobernadora. Es posible un nuevo esquema electoral que satisfaga la época y tecnología moderna si se dialogan abiertamente los esquemas sugeridos, pero aprobar un nuevo régimen electoral luego de comenzada, como ya comenzó, la elección general de 2020 bajo el régimen vigente, expone a ese código y a la elección misma, a serias impugnaciones constitucionales. Y exija, como indicó que haría, la majestad del consenso.

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