José Jaime Rivera

Tribuna Invitada

Por José Jaime Rivera
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A destruir la amenazadora crisis de la incompetencia

L a crisis que arropa a Puerto Rico representa una oportunidad única para repensarnos y para forjar la voluntad para actuar buscando el bien común. El huracán María permitió ver, sin la envoltura vegetativa que lo escondía de la mirada de muchos, un país que, antes del ciclón, vivía en condiciones muy por debajo de lo que las estadísticas y los discursos oficiales develaban. María agravó estas condiciones y también exacerbó la fragilidad de las ya decrépitas instituciones políticas y económicas del país. ¿Y ahora, qué hacemos?

Aunque algunos no lo reconocen, la salida a esta crisis está en la reconstrucción de nuestro sistema educativo a todos los niveles. Y no me refiero aquí a lo que han sido las reformas anteriores – ejercicios para distribuir o redistribuir el poder central ya sea de la escuela pública o de la Universidad de Puerto Rico. No hemos logrado todavía, y no por falta de esfuerzos de educadores de ambos sistemas, una reforma centrada en el desarrollo integral de nuestros estudiantes ni la voluntad general para implementarlas.

A lo largo de un milenio, las universidades han sido ejes transformadores de sus sociedades. Han formado a la mayoría de sus líderes; han gestado saberes que hicieron germinar las artes, las ciencias, las tecnologías y la cultura en general. Sin ellas, el desarrollo de la sociedad no nos hubiese traído hasta aquí, con sus luces y sus sombras. Cuando los resultados alcanzados por las sociedades no son satisfactorios, búsquese qué ocurrió en el sistema educativo, que no corrigió el curso de los acontecimientos. En estos casos, el sistema k-12 no ha sentado las bases para formar un ciudadano conocedor de sus derechos y de sus responsabilidades. A nivel universitario, no se han atendido las lagunas que lamentablemente traen miles de estudiantes que ingresan a las universidades del país, especialmente las lagunas afectivas.

La universidad tiene como eje principal la responsabilidad de fortalecer y maximizar las capacidades del pensamiento, del análisis, para la búsqueda de los saberes y el cuestionamiento continuo de lo que le rodea. Debe formar ciudadanos y ciudadanas capaces de dialogar, adoptar posiciones respetando a los que difieren y asumir las responsabilidades que conlleva aspirar a vivir en una democracia. La universidad enfrenta presiones que la quieren llevar a lo técnico y tecnológico, a los saberes y los empleos inmediatos, a la adquisición de información, y a limitar la capacidad de indignarse ante la injusticia y de responsablemente contrarrestarla.

Recordemos la vigencia de Los Cuatro Pilares de la Educación [1996] informe elaborado por una comisión internacional de la UNESCO, presidida por Jackes Delors. Los cuatro saberes de los que depende la sociedad son: aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a convivir y aprender a ser. Estos cuatro componentes deben guiar la construcción del currículo y la experiencia educativa. Confrontemos las siguientes palabras de Albert Einstein: “La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

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