Arturo Massol Deyá

Punto de vista

Por Arturo Massol Deyá
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Adjuntas ante Dorian

De cara a la primera amenaza tropical de la temporada pareceríamos regresar a las mismas ansiedades e inseguridades colectivas que vivimos previo al paso de los huracanes. Los temores y traumas como aquellos sufridos con María reviven con razón por una desconfianza profunda de la capacidad de los gobiernos a responder ante nuevos desafíos y porque conocemos que ningún cambio sistémico ha ocurrido para alterar nuestra realidad de vulnerabilidad. Esto será cierto en muchos lugares. No así en Adjuntas.

Después de María, tomó cuatro meses reestablecer la electricidad al 70% de los consumidores en Puerto Rico, y pasarían más de seis meses antes de que se reestableciera para el 30% restante. O sea, a las comunidades geográficamente remotas en la Cordillera. Pero el Adjuntas de hoy está mejor preparado que dos años atrás. La radioemisora del pueblo, Radio Casa Pueblo 1020, opera sus estudios y torre de comunicaciones con energía solar. Para cumplir con sus diferentes responsabilidades, la emisora comunitaria y ecológica tiene un personal comprometido y nuevos sistemas alternos de Internet y telefonía satelital para no depender de la infraestructura comercial y quedar incomunicados como ocurrió tras el golpe del huracán María. 

En caso de un colapso del sistema energético tradicional en la zona, Casa Pueblo sería nuevamente oasis de energía eléctrica fotovoltaica para la comunidad, donde la gente podría recargar sus equipos personales u operar máquinas de terapia respiratoria. ?Además, colmados en los barrios Vegas Abajo, La Olimpia, Vacas Saltillo, Guilarte y Tanamá están equipados con sistemas solares y bancos de batería para garantizar acceso a alimentos y servir de nevera comunitaria. Si no tienes efectivo, en estos comercios de la comunidad te fían. 

Por otra parte, varias personas que requieren diálisis peritoneal tienen hoy seguridad energética con instalaciones fotovoltaicas en sus hogares. La ansiedad de todos en la familia se reduce cuando tienen un plan que les ofrece mejores garantías por generar la energía donde se necesita. El Restaurante Lechonera Solar -Vista al Río- de Tito Rivera sería el comedor social del pueblo de ser necesario. Además, unas 60 casas operan autónomamente como Casa Pueblo en nuestros barrios mientras vamos creando un mosaico de oasis energéticos en los campos. Otras 50 casas tienen neveras solares. 

Los bomberos, emergencias médicas, la égida del pueblo y dos pequeñas ferreterías han sido parte de la infraestructura solarizada. ¡Ah! Y si estás pelú, la barbería solar de Pérez, a una cuadra de la plaza pública, podría servirte sin problemas mientras la tanda de matinée del próximo sábado en el Cine Solar de Casa Pueblo sigue en calendario. Y todo por una autogestión comunitaria enfocada en cambiar la realidad de dependencia con el apoyo del trabajo voluntario, donaciones locales y desde la Diáspora. La filantropía local y en Estados Unidos ha dicho presente en el Puerto Rico post María.

¿Por qué el gobierno local y federal, con todo su poder político y económico, no ha cambiado la vulnerabilidad de nuestra isla? Porque re-alambran y reconstruyen lo mismo del pasado, porque la burocracia se los come, porque las asignaciones multimillonarias no son las que dicen, porque la corrupción los auto-fagocita y porque no construyen autosuficiencia prefiriendo mantener las mismas condiciones de dependencia.

Adjuntas es hoy diferente y continúa una ruta extraordinaria de cambio. No solo en “resiliencia” sino en mentalidad social. Pronto se transformará el casco urbano en ruta a lo que llamamos Adjuntas Pueblo Solar. Sabemos que, como comunidad, podemos protegernos y transformar la realidad. Nuestra historia reciente demuestra con total claridad que el verdadero poder transformador emana del pueblo. Impulsemos en todas las esquinas de nuestras islas -desde la Mona hasta Culebra- la necesaria insurrección energética. 


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