Luis A. Pérez Vargas

Tribuna Invitada

Por Luis A. Pérez Vargas
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Administrar es clave para la competitividad

Director Auxiliar, Oficina de Ética Gubernamental de Puerto Rico

Un grupo de compañeros creímos necesario realizar un reencuentro después de varios años.  Como todo buen agasajo, procuramos asignarnos a cada cual todo lo indispensable, con la idea de que nada faltara para que la actividad fuera un éxito. 

De igual forma, a nivel gubernamental el andamiaje de un programa, un proyecto o de una obra requiere de unos principios básicos para establecer una coherencia que garantice un producto o servicio de calidad.  En respuesta a lo anterior, resurge la importancia de implantar buenos procesos administrativos, como lo son la planificación, la organización, dirigir y controlar.

Planificar no es otra cosa que determinar los objetivos que deben cumplirse en una estructura de cero improvisación.  No debemos mantener la mentalidad simplista de solucionar los problemas a medida en que estos surgen.  Los tiempos de sacar un “As” bajo la manga deben ser cosa del pasado.  A nivel de gobierno, y máximo en el ambiente de restructuración que nos ocupa, el anticipar debe ser la norma.

Este proceso inicial que planteamos va de la mano con otro elemento importante, organizar.  Ese arte de agrupar y estructurar todos los recursos, humanos y no humanos, con el fin de lograr los objetivos predeterminados.  Es imperativo crear los canales de mando, la distribución de responsabilidades y el orden de los asuntos que deben atenderse, para que un proyecto no se tope con la paralización que provoca el desorden y la falta de ideas.

Nuestro próximo eslabón es un proceso interpersonal que requiere guiar y motivar con el propósito de alcanzar los objetivos establecidos.  Bajo el proceso de dirección corresponde explicar los planes, esbozar el desempeño esperado y comunicar con las acciones más que con las palabras.  En instancias, los procesos de dirigir se malogran porque el actor olvida desplegar sus dotes de líder, ya que en asuntos principalísimos no solamente se puede ser jefe. 

Como parte final del proceso administrativo, el aparato de control nos permite garantizar que los objetivos planificados y organizados, fueron dirigidos y ajustados, para lograr los resultados preestablecidos.  Esta evaluación constituye una de las etapas más importantes del proceso.  Si los resultados fueron los esperados podremos utilizar la misma receta para manufacturar el mismo modelo.  Por el contario, si fracasamos en ese intento, descartarlo es lo correcto. 

Ya basta de hacer lo mismo esperando obtener resultados diferentes.  Llegó el momento de innovar, de establecer el norte para desarrollar una administración pública de calidad, valía, pertinencia y costo efectividad.

El autor brasileño Idalberto Chiavenato mencionó en su obra Introducción a la Teoría General de la Administración lo siguiente: “La administración no es una actividad mecánica, es una disciplina compleja y llena de desafíos.  A medida que el ambiente se torna más inestable y turbulento, mayor es la necesidad de recurrir a opciones diferentes para solucionar problemas y situaciones”.

Esta cita nos ubica en el momento histórico que vive Puerto Rico, donde se hace evidente el crecimiento administrativo que necesitamos para reconstruir nuestro País. Esto lo convertiría en uno más competitivo de cara al presente, porque trazarlo a futuro sería muy tarde.

No podemos comparar una actividad de camaradas con una obra de gobierno, ya que con ello faltaría a la deferencia que el Estado merece.  Solo queremos recalcar la importancia de seguir un curso administrativo cabal que nos permita germinar una vez más.  En fin, aunque no tendremos un garantizador para cada faena, un nuevo proyecto de País nos llenará de fortuna al construirlo y de compromiso para conservarlo.

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