Hernán Vera Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Hernán Vera Rodríguez
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A frenar el desbalance social

Afines de los años cuarenta, el servicio público puertorriqueño se convirtió, conjuntamente con la educación, en uno de los vehículos principales para promover la movilidad social ascendente en el país.

El servicio público, cuya espina dorsal fue el sistema de mérito, posibilitaba que personas de orígenes sociales humildes, a través de la educación y la aprobación de exámenes de ingreso, pudieran aspirar a niveles de vida más altos mediante un desempeño adecuado en puestos gubernamentales. Esto ocurría, sobre todo, a través de la llamada carrera administrativa, en la cual un funcionario público con los conocimientos, actitudes y valores correctos para el servicio público ascendía en la jerarquía del organismo gubernamental para el cual laboraba, lo cual redundaba en unos mejores salarios y prestaciones, y, por ende, en una movilidad social ascendente.

El sistema de mérito permitía que cuando un joven ingresaba al servicio público tuviera unas expectativas de una larga carrera para servir al país, con una posición social posiblemente superior a la de sus padres, y que luego, pudiera alcanzar una jubilación feliz, al cabo de 30 años de servicio. Estos desarrollos laborales en el sector público resultaban ser de gran importancia, pues el sector privado de nuestra economía nunca ha tenido la capacidad para generar los empleos necesarios en el país, lo que ha redundado en una tasa de desempleo histórica superior al 10%.

Desde fines de los sesenta, el servicio público ha sufrido un gran deterioro, particularmente por la politización. Para adelantar agendas político partidistas, se aprobaron en Puerto Rico leyes y prácticas que tendieron a socavar los cimientos del mismo. Entre estas, el nombramiento de cantidades exageradas de empleados de confianza, irregulares y transitorios, y la eliminación de los exámenes presenciales para ingreso al servicio público. Asimismo, áreas esenciales al mérito, como los adiestramientos y capacitaciones, fueron abandonados y se descentralizó el sistema de forma poco planificada. Esto privó al país por algún tiempo de un organismo rector de la carrera pública. Otros elementos también provocaron el deterioro del servicio público y la pérdida de confianza de la ciudadanía en el mismo. De igual forma, la congelación de plazas y salarios en el servicio público, al igual que la reducción o eliminación de beneficios marginales, y la situación de los planes de retiro gubernamentales, reducen, y casi eliminan las posibilidades de ingreso al servicio público de Puerto Rico de las nuevas generaciones.

Esta realidad la plasmo en el libro “El sistema de función pública en Puerto Rico: origen, esplendor, crisis y visión de futuro”, publicado recientemente por la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

La situación actual del servicio público puertorriqueño, unida a la incapacidad del sector privado de generar empleos que posibiliten la movilidad social de los ciudadanos, aumentan el riesgo de la creación de una sociedad dual en la que solo vivan ricos y pobres, la cual está muy alejada de nuestros ideales como pueblo.

Los formuladores de políticas públicas en el país deben ponderar este asunto y equiparar de manera muy armoniosa los imperativos de enfrentar la crisis económica que enfrenta el país, con la necesidad de mantener un balance adecuado en su estructura social, para posibilitar que segmentos importantes de nuestra sociedad no queden condenados a una vida en la pobreza.

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