Aida Vergne

Tribuna Invitada

Por Aida Vergne
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AFRISAR PALABRAS

¿Qué pasa cuando nace una palabra? Ehhh, pues es difícil de anticipar… El destino de una nueva palabra es, en casi todos los casos, nefasto. La abrumadora mayoría suelen ser palabras fugaces, buenas para un momento, pero con historias de fracaso. Algunas llegan a primera y a segunda. Mas muy pocas llegan a “home”. Desaparecen después del primer batazo, o se quedan en círculos íntimos y de ahí no salen (¡a menos que se publiquen en un Bocadillo!). ¿Qué convierte a una palabra en candidata para entrar al diccionario, o para pasar al léxico general oral? ¿Por qué nacen tantas nuevas palabras y sobreviven tan pocas? Algunos autores sugieren que hoy día es posible predecir qué palabras tienen mejores posibilidades de sobrevivir en esta jungla léxica; las palabras, las nuevas especialmente, atraviesan por algo así como una batalla darwiniana: “la más capacitada sobrevive” en cualquier nivel. ¿Y el diccionario? Esos son otros veinte pesos. Para que una palabra pase la prueba de fuego de la Irreal es preciso que esta se utilice por una variedad de fuentes, y no solo por un escritor. Puede tener un gran arraigo en lengua oral, pero si no se recoge por escrito, pues sus posibilidades son raquíticas. Un neologismo tan bello como punesia (lugar donde residen las palabras que tenemos en la punta de la lengua) no tendrá posibilidades si la gente no la usa ni la escribe. Otra hermosa, afrisar, (arropar con una frisa) que compartió con nosotros la profesora Lugo de Marichal, y que aprovecho para aclarar que es de la autoría de su hija mayor Flavia, y no Poli como publiqué, podría correr la misma suerte si los hablantes no la… afrisan. ¿Se anima? Afríselas con su uso.

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