Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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After la estupidez

Un individuo —por resentimiento, ignorancia, o la razón que sea— decide agarrarse a las redes sociales, que cacarean lo que oyen, y convoca a la gente a firmar “una petición” para que eliminen un programa de televisión, un documental, un artículo, o una obra de teatro.

Me pregunto: ¿a dónde vamos a llegar?

¿Hasta dónde nos va a arropar la estupidez de unos supuestos guardianes de la corrección política, y de unas opiniones basadas en melindres, inseguridad o prejuicios que no todos tenemos que acatar?

A lo mejor no hubiera visto tan rápido el documental “After Maria”, de no ser por la ridícula algazara que se armó. Lo vi, y creo que el tema de esta columna no puede ni debe ser si el documental es bueno o malo, que son las únicas categorías que me interesan. Me reservo esa opinión. Si me pareciera que el documental tiene una visión sesgada de la realidad, diría que tiene una visión sesgada y a otra cosa mariposa. Si me hubiese aburrido, como me pasa con películas o documentales que escojo al azar, con dejarlo a la mitad y ponerme a ver otra cosa tengo suficiente.

Lo que es inaudito es que unos cuantos miles de “ofendidos” se pongan a exigirle a Netflix que suprima el trabajo de una cineasta que enfocó el tema del huracán desde el ángulo que consideró conveniente, o el que más la inspiró, siendo Netflix una empresa privada que contrata lo que quiere, y ofrece un contenido que se adquiere pagando por internet. Si a alguien no le gusta ese contenido, lo que debe hacer es borrarse. Fácil. Con Netflix pierden el tiempo porque no pueden presionar a los anunciantes ni formar el reperpero que formaron con la Comay. Lo único que pueden hacer es irse, y yéndose veinte mil, llegarán veinte mil más.

Si porque determinado número de personas se ponen de acuerdo para exigir que se retire un material fílmico, Netflix lo hace, la verdad es que los que tendríamos que cancelar el servicio somos los que aborrecemos la censura, los que estamos hasta las narices de que los guardianes de la moral y la política correcta, impongan su criterio de lo que los demás debemos ver.

Ese argumento simplón, fundamentalista —porque el fundamentalismo no es solo religioso—, y absurdo de que “el documental no nos representa”, es lo más antiartístico que he escuchado últimamente. ¿Pero quién dijo que un documental tiene que representar los valores éticos de nadie? ¿Quién dijo que un libro, un cuadro o una canción vienen obligados a tranquilizar conciencias o a reflejar una imagen “bonita”? Al contrario, mientras más inquieten, mejor.

Los artistas o los cineastas no están para fabricar modelos de conducta heroicos o abnegados. El puritanismo importado de la metrópoli se nos ha metido hasta en los huesos. Renunciamos a nuestra identidad —espontánea, guasona, libertaria— en favor de los melindres imperiales. Eso ha pasado también con el MeToo.

Este caso de “After Maria”, me recuerda el de aquella película china de los años sesenta, filmada durante la Revolución Cultural, que recreaba una famosa batalla entre las fuerzas comunistas y las del Kuomintang. En una de las escenas más álgidas, un líder fiel a Chiang Kai-Shek gritaba: “Huyamos como ratas, que se acerca el glorioso ejército de Mao”. Qué línea, madre mía. Desde entonces, los tarambanas de mi adolescencia cada vez que se querían ir de algún lugar decían: “Huyamos como ratas”.

Pues esa frase, para los sectarios y dogmáticos maoístas, artífices de la Revolución Cultural, era una escena que “representaba” a las tropas nacionalistas, y los enaltecía a ellos.

Soy una gran consumidora de películas indias que pasan por Netflix. Algunas son grandiosas, otras mediocres. Varias de ellas, muchas, muestran facetas terribles de la personalidad y la vida de hombres y mujeres indios que viven en la pobreza más abyecta. Son visiones oscuras, en ocasiones perversas, salidas de la imaginación o la perspectiva del cineasta. Si a diez millones de indios, de sus mil y pico millones de habitantes, se les ocurriera escribir a Netflix diciendo que una película “no los representa”, estaríamos arreglados. Solo veríamos Bollywood, un género que, de paso, me gusta especialmente. Vicios secretos los tenemos todos.

Bajo el mismo criterio, “Los olvidados”, de Buñuel, hubiera sido borrada de la faz cinematográfica mundial, porque muchos hubieran pensado que no responde a la realidad de los pobres de México. Como eso, hay miles de ejemplos que harían una lista interminable. Documentales sobre la mafia calabresa o la camorra napolitana, están a la patada por ahí. Pues adelante los italianos: hagan sus cartitas a Netflix.

Y una pregunta final: “After Maria” es un documental, ¿no? ¿Acaso son falsos los personajes que aparecen en pantalla, se los inventó la cineasta, o son actores que siguieron un libreto?

La ola represiva por el momento parece haber pasado. Pero no tardará en reaparecer para intentar censurar alguna cosa, quizá esta misma columna. Y eso que dicen ser progresistas, revolucionarios, de izquierda. La moral burguesa se los come vivos, y ellos no se dan por enterados.

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