Pedro Reina

Punto Fijo

Por Pedro Reina
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After María: de huracanes y dolores

Siempre he dicho que para comprender a Puerto Rico hoy —aturdido y desolado—hace falta una mirada más amplia que considere la complejidad cabal de su circunstancia. 

En eso pensaba cuando vi el documental After Maria que tanta efervescencia ha desatado en las redes sociales. La herida de María no se entiende plenamente sin considerar lo que la bancarrota hizo antes: provocar un colapso estructural de la economía que desembocó en la emigración masiva, el cierre de escuelas y el racionamiento de servicios esenciales, entre otras cosas. 

A todos nos toca y a todos nos duele aunque tengamos distintas maneras de metabolizar el trauma de esa herida. 

Esa herida tiró abajo las fachadas con que ocultábamos nuestros carencias, y cerró las vías de escape por las que transitábamos antes del desastre, unas veces inaugurando tiendas de lujo y tantas otras celebrando aquello que llamaban “lo mejor de dos mundos”.

El cine documental nos ofrece relatos audiovisuales que se montan con pequeños pedazos de la realidad que la cámara revela conforme a la visión de quien los organiza. El documental After Maria no es la excepción y por eso nos muestra la historia de dos familias encabezadas por mujeres que viven a duras pe-nas con vales de FEMA, en un hotel en el Bronx. 

Es cierto que faltan contextos para entender mejor las historias pero, si algo me queda claro, es que sufren por no saber qué les deparará la vida cuando la ayuda federal termine. Ese sufrimiento no es ni fingido ni exagerado ¿Es esto algo tan difícil de comprender? ¿Tan lejos estamos de una empatía mínima siquiera?

Sospecho empero que el malestar que el documental suscita tiene menos que ver con su calidad cinematográfica y mucho que ver con una mirada racista y discriminatoria. 

Nos incomodan los cuerpos mulatos que bailan en Orchard Beach, la cafrería que muestra una mujer al arroparse con la monoestrellada y el sartén eléctrico en el cuarto de hotel donde se fríen con dificultad tostones para completar un humilde plato de arroz con carne. Eso —dirán los ayatolas del decoro— no nos representa. 

La controversia me hace recordar aquel artículo de portada sobre Puerto Rico que publicara The National Geographic en 2003, con fotos de Loíza y que tanta condena generó porque no era “representativo” de la isla. La fiebre me temo, no está en la sábana.

Si algo me queda claro de este documental es que son las mujeres pobres puertorriqueñas las que cargan un peso descomunal para defender a sus familias, frente a una sociedad que no reconoce en esa gesta ni tenacidad ni virtud. 

Pensemos en esa niña de 12 años que apenas sonríe y cuya madre, nos muestra el lente, intenta sin éxito cuidar y proteger. 

Mujeres invisibilizadas por su condición indigente. Mujeres desterradas que no encuentran empleo y que el estado descarta como excedente en una isla que se “levanta”, aunque sea de mentira. De todas ellas, y de todas esas niñas amenazadas, es que tenemos que hablar.

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