Orlando Parga

Tribuna Invitada

Por Orlando Parga
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Agendas del paro

El 1 de mayo emergió como Día Internacional del Trabajo mediante la lucha laboral por la jornada de ocho horas lograda tras la revuelta obrera de 1886 en Chicago; particularmente por el impacto de la masacre del “Haymarket”, en la que murieron decenas de manifestantes y policías, por lo que luego fueron sentenciados y ejecutados cinco sindicalistas. Curiosamente esa fecha es ignorada en EE.UU. por vinculársele al comunismo tras haber sido proclamada por el Congreso de la Segunda Internacional de 1889 en París como el “Día Internacional del Trabajo”. Lo que nos trae al mensaje contaminado del “paro nacional” que se intentó aquí este 1 de mayo de 2018: las agendas arbitrariamente sobreimpuestas a la justa causa de los trabajadores.

La protesta estuvo esencialmente motivada contra la Junta de Control Fiscal Federal que quiere convoyar una reforma laboral a su agenda de ajustar el presupuesto del gobierno, condicionar el rescate económico del país al despojo de beneficios laborales reconocidos en el mundo entero y hundir en penurias a los jubilados del gobierno. Cada una de esas causas tiene vínculo directo a la gesta reivindicadora del 1 de mayo de 1886.

Lo que no empata son agendas subrepticias para adelantar intereses ajenos: el nacionalismo ideológico sobre estatus político, las candidaturas de aspirantes partidistas para los comicios de 2020 y el radicalismo asociado a lucha de clases.

La protesta es uno de los derechos más fundamentales de nuestra democracia. Ese derecho a demostrar y manifestar la indignación colectiva frente al abuso y la injusticia se ejerció ayer libremente y sin cortapisa, hasta interponerse la cédula radicalizada y la doctrina leninista; jóvenes adoctrinados por viejos barbudos, encapuchados, armados de martillos, bloques y botellas con intento de recrear en las calles lo que en día reciente se vivió en las de Venezuela y Nicaragua.

Esa libertad menoscabada y ultrajada en otras jurisdicciones, está consagrada por las leyes y constituciones de Puerto Rico y EE.UU. No importa si a muchos o pocos marchantes se les oye y atiende, y al grado de la justeza de su causa y la sensibilidad que despierte en la opinión pública, el poder que ejecuta reacciona y responde. La sangre ya rodó en 1886 en Chicago, y acá, en las luchas protagonizadas por Santiago Iglesias Pantín. En nuestra época, es cuestión de sembrar y cosechar al amparo de nuestro ordenamiento democrático.

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