Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Águilas y gusanos

Se supone que los primeros desembolsos de la asignación de $18,500 millones anunciada por el Departamento de la Vivienda federal, para la rehabilitación de infraestructura y hogares en Puerto Rico, se produzcan en unos seis meses. Antes de eso, el Gobierno local tendrá que prepararse como mejor pueda para enfrentar la nueva temporada de huracanes que comienza el primero de junio.

Ésas son las verdaderas prioridades del país: ver cómo salimos de ésta sin meternos de cabeza en otra.

Es posible que para fin de año, si nada se vuelve a interponer, empiecen a surgir los indicios de una mayor actividad en la economía formal (la informal tiene ya bastante movimiento), a medida que se vayan invirtiendo esos millones y mejore la calidad de vida de la gente.

Ahora bien, en la nota de prensa donde se anunciaba la asignación de Vivienda, estaban incluidas unas palabras de la subsecretaria de esa entidad federal, Pamela Patenaude, quien advirtió que el programa funciona con reembolsos, y que habrá unos sistemas de supervisión “para asegurar el cumplimiento y monitorear el buen uso del dinero”.

Me imagino la cara de los políticos que tradicionalmente han estado cortando el bacalao, premiando con contratos a los colaboradores de sus campañas politicas. Son tipos que no se desaniman por nada, ni renuncian ante casi nada, pero las últimas experiencias vividas por amigos o conocidos suyos en el Tribunal federal, son un recordatorio de que en lo sucesivo tendrán que andarse con pies de plomo.

Saber que hay una tajada tan enorme, pero deben moverse con cautela (ser menos obvios), debe ser para ellos una tortura china.

De hecho, aun con todo ese sistema de vigilancia del que advierte la funcionaria americana que nos visitó, ya verán que algún astuto intentará colarse por el ojo de una aguja para tratar de que favorezcan a su empresa, o que las autoridades se hagan de la vista larga para poder usar materiales malos y baratos, en lugar de los materiales de buena calidad que cotizó. Es algo que muchos de esos corruptos llevan en las venas. No me sorprendería que, al cabo del tiempo, dos o tres terminen en la cárcel por el mal uso de estos fondos del HUD, que es como se conoce en inglés al Department of Housing and Urban Development.

Los federales exigen tener conocimiento instantáneo de las transacciones, y acceso ilimitado a cualquier comunicación o decisión que se tome con respecto al uso del dinero. Es decir, querrán oír hasta los estornudos de los jefes de agencia y otras autoridades de la Isla, cuando se reunan a decidir los proyectos y contratistas que serán agraciados. La subsecretaria Patenaude insistió en que habrá personal asignado para “velar por el cumplimiento y la transparencia”.

El aviso es claro y tajante. Desde ahora sabe la Legislatura que no tiene nada que decir o trapichear.

A lo sumo harán el paripé de aprobar unos proyectos que, si dependen en concreto de esos fondos, tendrán que pasar por el “crisol del sufrimiento”, como dice la Palabra, nunca mejor dicha.

Y ya que hablamos del Senado, la Cámara y otras santas instancias gubernamentales, parece que hubo una opinión legal, bastante fuerte, con respecto a la resolución que ordenaba detener desembolsos a la Junta de Control Fiscal. Es la opinión legal que debieron haber buscado justo antes de jactarse de su rebeldía y aprobar el documento que ordenaba a Hacienda no darle un peso al ente federal. Es más, ni un vaso de agua.

Cualquiera se habría dado cuenta de que la acción iba a propiciar un frenazo, y que el Tesoro de los Estados Unidos, verdadero álter ego de la Junta, tiene de sobra de donde cobrarse ese dinero. De cualquiera de las asignaciones que se envían a la Isla, ni siquiera de esos famosos fondos de Vivienda, que aún demoran en llegar, sino de otros que estén cuajándose, o que ya estén aquí. Da igual. Restan los $60 millones o lo que tengan que restar, y se quedan tan campantes.

Sé que hay mucha gente a la que no le gusta oír este planteamiento, sino el otro, el que se niega a la realidad y no mide las consecuencias ni las mentalidades. Peor seguir en esa nube. No se pueden trazar estrategias que aspiren a otro tipo de país y a otro tipo de economía desde la pura fantasía. Esa fantasía es el lugar más retrógrado hoy en día. Si no, vélenla.

Volviendo a la Resolución del Senado, hay que reconocer que el Gobernador se dio punto en boca desde el principio, se aconsejó incluso antes de que lo tuvieran que aconsejar. El decía que estaba dispuesto a hacer “lo que sea”, sí, pero "lo que sea" no es borrar de un plumazo lo que dispone una ley aprobada en el Congreso, nada menos.

El presidente de la Cámara, Johnny Méndez, miró para otro lado y aunque había afirmado que la Resolución sonaba “interesante”, luego dijo que tenía cosas más importantes en las que pensar. Ya lo creo.

El único que fue coherente, porque la coherencia de la incoherencia es un arte difícil, no se crean, es el Presidente del Senado, que se puso aguerrido y citó al revolucionario mexicano Emiliano Zapata, lo que enseguida me recordó las películas del “Indio” Fernández, sobre todo una muy buena con María Félix, en que las tropas zapatistas entran arrasando en Cholula.

Rivera Schatz dijo que “como decía Emiliano Zapata, el que quiera ser águila que vuele” (se comparó él con el águila), y “el que quiera ser gusano que se arrastre”. No sé a quién habrá querido decirle gusano. De momento, no caigo.

Escuche a la autora en el podcast “Maldita Montero”, todos los viernes, en elnuevodia.com

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