Antonio Quiñones Calderón

Punto de vista

Por Antonio Quiñones Calderón
💬 0

“Ahí te dejo ese desastre”

Escribo antes de conocer la decisión del Tribunal Supremo sobre la gobernación, la que –no tengo que hacer la salvedad de no ser abogado– espero, sea una que, dentro de todo el componente de una interpretación judicial, abone a la estabilidad del orden social y político quebrantado.

Dicho lo anterior, hay dos asuntos que me parece requieren atención alrededor de este daño que se ha autoinfligido el partido de gobierno. Primero –y esto, haciendo caso omiso del refranero popular que dice no debe llorarse por la leche derramada–, es de rigor apuntar hacia el culpable del pecado original de todo este vendaval político: el ahora exgobernador Ricardo Rosselló, al actuar, a propósito o no –después de la revelación del Telegram, uno no sabe qué creer o no esperar– con total irresponsabilidad al no asegurar una transición ordenada luego de la traumática experiencia del pueblo de Puerto Rico –no sólo del partido que ha puesto al borde del colapso

Una cruel experiencia que inició, pronto se sabrá, aun antes del chat que anticipó su salida en desgracia y deshonor de La Fortaleza. Desde esa perspectiva, el exgobernador hizo real la frase que, falsamente, se atribuyó a su padre a la salida de La Fortaleza en enero de 2001: “ahí te dejo ese desastre”. No es algo de lo que pueda vanagloriarse el joven Rosselló: de haber dejado este desastre. Bien pudo el exgobernador, conociendo la inevitable renuncia, hacer en tiempo prudente la selección del secretario de Estado que lo sustituiría y enviar su nominación a una sesión extraordinaria que concluyera no más tarde del mismo día en que se hacía efectiva su partida de La Fortaleza. Así, habría tenido tiempo y se hubiera visto obligado el Senado a actuar, como lo hizo la Cámara de Representantes, dentro del período previo a las 5:00 de la tarde del viernes, 2 de julio de 2019.

Segundo, hay unos peligros en la periferia del eje central de la novel polémica política y constitucional alrededor de la gobernación que, me parece, no están siendo debidamente intuidos por la mayoría democrática de Puerto Rico: los facinerosos colados en una actividad legítima con sus aviesos propósitos de crear el caos, calculando que –a falta de votos–, es la única manera en que podrían lograr sus aviesos fines. Uno de ellos ha tenido la temeridad de avisar que, hasta que se seleccione el gobernador “que nosotros queremos”, no van a aceptar a, y “tiene que renunciar” cualquiera otro que sea juramentado.

Desde esa perspectiva, es de rigor una actitud alerta de los creyentes en las instituciones de la democracia –el menos malo de los sistemas políticos, al decir de Winston Churchill–, para evitar que continúe la actual inestabilidad social, a consecuencia de la cual los amantes del caos logren sus malignos designios. Parte importantísima de ese rigor está en las manos y las acciones del liderato del partido de gobierno, decidiéndose a actuarcon moderación y respeto, no sólo para con sus adeptos, sino, principalmente, para con el pueblo, corrigiendo el curso de colisión en el que su colectividad se dirige a su autodestrucción total.


Otras columnas de Antonio Quiñones Calderón

martes, 15 de octubre de 2019

La convención retro del PPD

La generalización en que se regodearon en sus discursos los aspirantes a ejercer la sindicatura del partido de la Pava constituyó un monumento a su pasado, argumenta Antonio Quiñones Calderón

martes, 1 de octubre de 2019

Complicaciones para el PPD en 2020

Antonio Quiñones Calderón analiza la contienda por la candidatura a la gobernación en el Partido Popular

sábado, 28 de septiembre de 2019

Gigi, el nuevo objeto de protesta

La decisión de Gigi Fernández es no solo simbólica, sino también un ejercicio para advertir y alentar a los ciudadanos estadounidenses residentes aquí de la dura batalla que resta en el camino hacia la igualdad política, dice Antonio Quiñones Calderón

💬Ver 0 comentarios