Arturo Massol Deyá

Tribuna invitada

Por Arturo Massol Deyá
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A la hija de Francelis y Fermín

Pensar en el País y lo que le depara a nuestros hijos puede ser un ejercicio muy espinoso aún para el más optimista. La vida da vueltas inesperadas que cambian el paisaje en un abrir y cerrar de ojos y en ocasiones de la manera más duramente posible. Cuán complicada puede ser la tarea de vislumbrar ese futuro es un asunto de enfoque. Para eso necesitamos acceso a la información, capacidad de análisis y voluntad para provocar cambios.

Hacemos diagnósticos y percibimos la realidad a base del conocimiento disponible. ¿Qué necesitamos? Comunicación comprensiva para construir reflexión en lugar de información burda que añade tragedia a la tragedia. A diario, causa y efecto parecen establecerse en los medios de comunicación con poco rigor y con gran descuido social. Así, tristemente, he visto el manejo del asesinato de Francelis Ortiz Pagán: sesgado por momentos, sin contextualizar en otros y frecuentemente errático. Los medios parecen tener que decir algo, incluso impulsar teorías aunque sepan muy poco o nada.

Este manejo de la información promueve en unos aceptación y duras críticas por otros. Es decir, no logra entendimiento colectivo sino que se convierte en otra forma de polarización. Estamos polarizados en prácticamente todos los temas. Y en este asunto de la violencia, donde existen claras víctimas y victimarios, en lugar de comprensión que ayude a este pueblo a sanar, madurar y hallar soluciones, la polaridad colectiva reemerge provocando lo peor de muchos seres humanos.

Entonces llega el tiempo de volver a cuestionar cómo enfrentamos las crisis del País y con qué contamos. Leer las noticias de este asesinato y las reacciones e insinuaciones de muchos denotan el grado de enfermedad colectiva en que vivimos. Estamos enfermos de tanta violencia, de la representación de esa violencia, y la salud mental del pueblo –como el crédito del ELA– se va degradando a chatarra.

¿Pero cómo sanar cuando se opina como enfermo, con información limitada presentada para explotar las tragedias? Así se malogra la reflexión, la empatía y la cordura.

Los comentarios y llamadas a la radio de la gente con ‘verdades’ artificiales pero con convencimientos absolutos ahondan la desdicha en que vivimos. Duele, mucho, el asesinato de una mujer luchadora. Y el dolor se duplica al ver un País sumido en la enfermedad mediática de la violencia.

Esta ruta degenerativa es construida. La comunicación que parece dominar alimenta que nos envenenemos más cargando lo inmediato, no para encontrar resoluciones sino para provocar nuevos conflictos entre nosotros mientras los criminales pasan a un plano secundario.

La impunidad en esta Isla enferma. Con un treinta y pico porciento de esclarecimientos, el partido de la justicia pierde democráticamente ante la injusticia.

Fermín Arraiza es un ser noble y luchador. Es una de estas personas transparentes que cuando la conoces pueden pasar los años y, al retornar, es como si fuera ayer. Lo conocí en la Isla Nena haciendo y ayudando particularmente a la familia Zenón. La empatía, el amor solidario y deseos de ayudar nacen espontáneamente ante una nueva víctima de la violencia con su pequeña hija en brazos. Le toca sacar fuerzas y así, estoicamente, lo va logrando para mantenerse de pie, impidiendo que los victimarios de su familia se impongan. Ahora le toca la desproporcional carga de ofrecerle un nuevo futuro a esa niña que tiene el derecho de vivir.

¿Qué futuro construimos para ella, las mías y las de todos? No sé usted qué piensa pero en Adjuntas tenemos algo muy claro. La dependencia envenena, castra la autoestima, esclaviza y promueve una violencia que destruye. Acá defendemos las aguas y sus bosques, construimos una escuela en un bosque, promovemos la economía de producción que nos da libertad, enfrentando la violencia con actos de afirmación a diario. No será suficiente pero, desde acá, le digo a la hija de Francelis y Fermín, cuenta con nosotros porque estamos con ustedes.

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