Orville M. Disdier

Punto de Vista

Por Orville M. Disdier
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Alarmante el estado de salud mental del estudiante

El Instituto de Estadísticas de Puerto Rico publicó recientemente el Perfil de Salud y Seguridad del Estudiante en Puerto Rico: Años 2015-2017, del cual tengo el honor de ser el autor principal. Dicho perfil presenta estadísticas sobre el acoso escolar, acoso electrónico, comportamiento violento, comportamiento sexual, uso de drogas y sobre los hábitos alimentarios de los estudiantes de escuela superior en escuelas públicas. Además, el informe presenta datos sobre incidentes delictivos en las instituciones postsecundarias públicas y privadas.  

Cuando se examinan los resultados con detenimiento, muchos datos causan gran preocupación, como por ejemplo, que casi el 60% de los estudiantes indicaron que no desayunan todos los días o que el 33.4% de los estudiantes de duodécimo grado están activos sexualmente.  

Pero, quizás, entre los temas más preocupantes (y que nos deben ocupar) figuran los relacionados a la salud mental de nuestros estudiantes. El dato de que el porcentaje de estudiantes que consideraron seriamente suicidarse aumentó de 12.3% en el año 2015 a 17.1% en el año 2017, debe activar en todos nosotros una alarma de emergencia.  

De igual forma, que el 20.2% de los estudiantes del sexo femenino sufran acoso o “bullying” dentro o en los predios de la escuela, y que más del 45% de los estudiantes del sexo femenino se hayan sentido tristes o desesperanzados, impidiendo que pudieran hacer sus actividades académicas, es en extremo alarmante.

El informe publicado también incluye algunas recomendaciones generales y enlaces hacia artículos científicos y académicos sobre estos temas. Pero hay algo que es insustituible, que es la participación de los maestros, padres, madres, familiares y de la comunidad en general en la formulación de soluciones. 

Los maestros, y toda la comunidad escolar, deben recibir adiestramientos frecuentes y prácticos que les permitan estar alertas e identificar posibles señales de riesgo, como cambios en el humor o comportamiento. Los adultos debemos conocer cuáles son los pasos a seguir y con quién o con quiénes debemos comunicarnos en caso de sospechar de algún riesgo a la integridad física o mental del estudiante. Asimismo, es crucial que el estudiante sienta la confianza de poder expresar sus sentimientos y pensamientos sin que sea juzgado o señalado. Por su parte, las agencias gubernamentales y las entidades privadas tienen que ser parte de este esfuerzo.  

No tengo la menor duda de que si colaboramos podremos provocar que la salud mental de nuestros estudiantes mejore. Como el encargado principal de la política pública estadística en Puerto Rico, deseo ver que, en un futuro cercano, todas estas estadísticas estén más cerca del 0%.


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