Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Alarmante epidemia de cáncer entre los millennials

Por si todavía no se ha enterado, el término “millennial” en inglés se refiere a los jóvenes nacidos a partir de la década de 1980, también conocidos como la “Generación Y”. Estos jóvenes supuestamente comparten varias características, entre ellas el egocentrismo. Los han criticado por ser su norte el estilo de vida afluente y ocioso. No me place generalizar porque sabemos que no siempre es justo aplicar etiquetas. 

Pero independientemente de eso, lo cierto es que debo alertarlos acerca de un problema muy serio. Me refiero a los resultados de un estudio que acaba de publicar la doctora Hyuna Sung en la revista The Lancet Public Health donde concluye que la frecuencia de ciertos cánceres en EE.UU. está en franco aumento entre los millenials. En específico, el cáncer colorrectal, el de útero y el de vesícula biliar, todos los cuales se han duplicado. Así mismo, el cáncer de riñón, páncreas y mieloma múltiple también ha aumentado. Esos tipos de cáncer se veían casi exclusivamente en personas mayores de 60 años.   

Hyuna Sung descubrió que algunos de los incrementos más sorprendentes se observaron en los millennials de 25 a 40 años, en los cuales el cáncer de riñón ha aumentado casi cinco veces y el cáncer de tiroides siete veces más que en los “baby boomers”. El cáncer de páncreas, que se diagnostica típicamente en personas mayores de 65 años, aumentó casi dos veces en las edades de 25 a 29 años. Para los que nacieron en la década de 1990, el riesgo de cáncer de colon es 1.5 veces mayor. A medida que los millennials envejezcan, la frecuencia de estos cánceres seguramente va a aumentar todavía más. De ser correcto, esto revertiría todo el progreso logrado en la reducción de mortalidad por cáncer en las últimas décadas. ¿A qué se atribuye este fenómeno alarmante? Veamos.

Todos esos tumores que he mencionado se han vinculado con el sobrepeso. Aunque les parezca extraño, la obesidad es un cancerígeno reconocido, y si tomamos en cuenta que más del 70% de los millennials padece de obesidad, comparado con 50% de los baby boomers, la cosa es para preocuparse. Si este problema es debido a la dieta, a un estilo de vida ocioso, o a ambos, es otro tema digno de explorar.

Seguramente usted se ha preguntado por qué el sobrepeso actúa como un cancerígeno.  La obesidad causa un estado de inflamación crónica en nuestro cuerpo. Todos tenemos una noción rudimentaria de lo que es inflamación aguda o inmediata. Sabemos que cuando una herida se infecta, se torna roja y duele porque está inflamada. Pero ¿qué es lo que ha ocurrido? Es una respuesta normal para defendernos de los microbios. Este proceso inflamatorio comienza cuando los tejidos afectados liberan a la sangre unas sustancias químicas que llamamos citoquinas. En respuesta a estas citoquinas, los glóbulos blancos de la sangre acuden al llamado de ayuda del tejido afectado, atacando la infección. Una vez curada la herida, finaliza el proceso inflamatorio.

Pero si la inflamación aguda no se resuelve pronto, entonces se convierte en un proceso de larga duración que denominamos crónico y puede ser muy perjudicial.  La inflamación crónica puede surgir como secuela de una inflamación aguda que no se resolvió, pero curiosamente también puede comenzar sin lesión obvia alguna que la provoque. Esta puede ocurrir por infecciones como la gastritis causada por la bacteria Helicobacter, pero otras condiciones como la obesidad, y la diabetes también la causan comúnmente y de forma silenciosa.

Con el pasar del tiempo, la inflamación crónica puede provocar daño al ADN de las células normales, lo que gradualmente puede desembocar en cáncer. Por ejemplo, los pacientes con enfermedades inflamatorias del intestino, como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, tienen un mayor riesgo de cáncer de colon. Igualmente la gastritis por Helicobacter puede causar cáncer de estómago.

Otro problema es que la obesidad puede causar que el sistema inmune falle y sabemos bien que este juega un rol crítico en la vigilancia y protección contra las células cancerosas. Este fallo ocurre porque las células que contienen grasa, llamadas adipocitos, prominentes alrededor de la cintura, secretan varios tipos de citoquinas que son capaces de suprimir el sistema inmune. Además, el número de unos linfocitos llamados “T gamma-delta” disminuyen en la sangre de personas obesas. Estas células son críticas para mantener el fino balance entre inflamación aguda y crónica. Si su número disminuye, esto puede provocar inflamación crónica y suprimir el sistema inmune. 

Además de bajar de peso ¿qué más pueden hacer las personas obesas para evitar el cáncer? La Dra. Susan Percival, de la Universidad de Florida, ha postulado la interesante hipótesis de que algunos compuestos del ajo se pegan a ciertos receptores que sabemos que existen en la superficie de los linfocitos gamma-delta, causando así que proliferen. En un estudio doble ciego en sujetos saludables, no obesos, la doctora Percival descubrió que el ajo estimula la proliferación de  las  células T gamma- delta, así activando el sistema inmune. En ese estudio también observaron que el ajo disminuye la producción de citoquinas proinflamatorias, reduciendo el riesgo de inflamación crónica. 

En otro estudio más reciente, la misma científica se enfocó en el efecto del ajo sobre la inflamación crónica asociada con la obesidad. Estudiaron a 51 sujetos obesos, asignando al azar a la mitad de ellos a un tratamiento con píldoras de extracto de ajo añejado (aged garlic extract o AGE), y a la otra mitad a placebo. Al cabo de seis semanas se les midieron varias citoquinas que reflejan el grado de inflamación. En los participantes que consumieron ajo, las citoquinas proinflamatorias aumentaron menos que en los asignados al placebo. Además encontró que en los sujetos asignados a recibir ajo, las células T gamma-delta, indicativas del buen funcionamiento del sistema inmune, aumentaron más que en el grupo asignado a placebo. Su conclusión fue que el ajo puede ser beneficioso para prevenir la inflamación crónica y mejorar el sistema inmunitario de las personas obesas. Fíjense que no concluyó que el ajo evita el cáncer en las personas obesas, porque eso requeriría otro estudio, pero es lógico especular que este vegetal debiera ayudar algo a disminuir ese riesgo si la inflamación crónica es la responsable del cáncer.

Cierro con un tributo a una persona que admiré enormemente, y que murió de cáncer a la muy temprana edad de 31 años. Me refiero al insuperable genio humorístico que fue el periodista Eddie López, inspirador de Los Rayos Gamma. Una de sus muchas creaciones fue la de un puertorriqueño enfermizamente enamorado del idioma inglés, el cual no entendía bien y por tanto lo escribía traduciendo literalmente del castellano. Esto suscitaba disparates ridículos y risibles. El nombre del personaje era Cándido Flores pero firmaba sus cartas como Candid Flowers. Si Candid Flowers fuera un millennial, ¿qué hubiese comentado hoy día acerca de las bondades del ajo? Traduciendo directamente del español al inglés, me imagino que diría tremendo disparate, algo como: “This vegetal is cannon. It’s out of league! Face garlic!”.

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domingo, 16 de junio de 2019

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