Eudaldo Báez Galib

Tribuna invitada

Por Eudaldo Báez Galib
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Albizu Campos y Rosselló Nevares

Nos encontramos ante una disyuntiva recurrente: renunciar a nuestra integridad de pueblo y derechos a cambio de prebendas económicas. Pero hay opción. Revolcarnos. El último intento de rebeldía organizada fue en 1950 bajo el liderato de Pedro Albizu Campos.

Ahora bien, el gobernador fue electo para específicamente timonear este momento. Si lidera el revuelco, su credencial estadoista ayuda, pues no le marca como “antiamericano” y le licencia para exigir un receso en las pugnas ideológicas a fin de que el país pueda respirar, pensar y actuar como uno.

Estados Unidos ha provisto para una reacción con el calor espiritual de aquella. Ahora inevitablemente pacífica, lo que subrayo para evitar malentendidos. La Ley Promesa es golpismo a nuestra gobernanza, si atendemos que el propio Congreso y tribunales federales consistentemente señalaban que disfrutábamos soberanía de gobierno propio. Además, su Wall Street sedujo, aprovechando la gula politicastra del liderato insularista, a gravar nuestra vida y hacienda, transfiriendo esos fondos para aquellos bolsillos. Promesa es la expulsión de la indigestión causada por aquella glotonería.

Poseemos capacidad para reaccionar enérgicamente, pero no tenemos la actitud por pánico al destete. Ahí la urgencia de una versión de Albizu, atemperada a nuestros procesos, o sea, con aquel valor y compromiso pero en este tiempo y razón.  Alguien que haga valer para nuestra sociedad, complacida con una democracia en muletas, los derechos inherentes a todo ser humano, reconocidos, inclusive, por ese gobierno del cual somos ciudadanos “part time”. 

El beneficio de Promesa ha sido detener las consecuencias de nuestra gravísima irresponsabilidad, pero a precio impagable. No tenemos que aceptar Promesa como está. Ni renunciar a nuestra integridad. Si  conformamos lo uno con lo otro, Promesa, entonces, tiene que reducirse a una devolución de activos sin condiciones lacayas.   

Irónicamente es un federalista, Ricardo Rosselló Nevares, quien está ante un “momento” albizuista. No por ideología similar, ni “anti-yanquismo”,  sino por el sentido urgente de lucha, con la seriedad y compromiso de aquel. Además, el PPD y el PIP, filosóficamente más compatibles para liderar esto, carecen de algunas cosas.

Si él no acepta el reto, tendrá que responder ante la historia como lo harán quienes antes debieron, no hicieron y, en vez, colaboraron y los que como él pueden y no lo hacen. A cada puertorriqueño se nos estruja que somos una sociedad genéticamente servil, producto de siglos bajo tutela.  Ahora es que sabremos la verdad.



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