Lisandra Maldonado Rivera

Tribuna Invitada

Por Lisandra Maldonado Rivera
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Alerta a las señales menos visibles del suicidio

No existe la menor duda que el suicidio es uno de los mayores problemas sociales que enfrentamos en Puerto Rico. La actual crisis económica ha tenido su impacto. Las cifras son dramáticas. En 2016 se registraron 188 suicidios, de acuerdo con el Instituto de Ciencias Forenses y la Comisión para la Prevención del Suicidio. En lo que va del año, ya se han privado la vida 90 personas.

El problema del suicidio es más marcado en los jóvenes entre las edades de 15 a 30 años. De los 188 suicidios del año pasado, 27 fueron de este grupo. ¿Por qué un joven que comienza a vivir y tiene todas las oportunidades disponibles decide quitarse la vida? Las respuestas son muchas y complejas. Desde factores emocionales, como alguna relación que no funcionó, hasta problemas inter-sociales y económicos que son generalmente las principales causas.

En muchos casos, las señales de que existen problemas con el joven se manifiestan marcadamente. Estas son el aislamiento, las constantes referencias a un posible “adiós” y una óptica negativa sobre la vida.

Sin embargo, hay otros casos en los que estas señales apenas son visibles. Esos son los más preocupantes.

Por ejemplo, en mayo, un joven universitario de apenas 21 años se privó de la vida sin brindar muchas explicaciones o dejar saber de antemano que tenía problemas. Como fue el caso de este joven, muchos otros no dan las tradicionales señales antes de cometer el acto.

Es tiempo que hagamos un nuevo modelo de intervención, enfocado en grupos poblaciones y demográficos.

Tenemos que hacer algo. No podemos quedarnos de brazos cruzados. La Comisión ha hecho su función, pero necesitamos hacer más. La prevención es la clave. Debemos iniciar una investigación detallada sobre el impacto real que están teniendo los programas de prevención contra el suicidio en este grupo demográfico tan importante para la Isla.

Es muy probable que las plataformas convencionales que estamos utilizando no lleguen a los jóvenes. Quizás se tienen que moldear para traerlas a la era de las redes sociales y ciclos de información 24/7. El Estado tiene que tener un rol protagónico en este esfuerzo, enlazando los diferentes grupos de profesionales, como trabajadores sociales y psicólogos para que estos aumenten su envolvimiento con el fin de encontrar una solución.

La alta tasa de suicidio en Puerto Rico, 5.5 de cada 100 mil habitantes, nos obliga a estudiar la posibilidad de que se declare una Emergencia de Salud, porque esto es un asunto médico-social y así se tiene que atender.

Además, debemos solicitar la ayuda de los medios de comunicación para presentar una campaña agresiva que promueva la visión de que existen alternativas al suicidio. Que nuestros jóvenes conozcan que de toda situación difícil se puede salir.

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