Víctor García San Inocencio

Punto de vista

Por Víctor García San Inocencio
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Alertas, pero cuidado con la soberbia

La manera atolondrada y negligente con la que la Administración Vázquez manejó la preparación, la orientación, la educación y la vigilancia del COVID-19 provocó la medida extrema del toque de queda rotundo e inmediato.

Debido a la abulia e inercia exhibida por los encargados máximos de la salud en el país, que incluyó mantener la apertura del acceso a las islas sin ningún cernimiento, sistema u oportunidad de seguimiento durante semanas, uno hubiese esperado incluso más presteza para adoptar el toque de queda antes. 

Bloquear procurar los exámenes, ralentizar su disponibilidad y uso, permitió soslayar por demasiado tiempo, no solo el hecho de que COVID-19 estaba aquí, sino el que no hubiese evidencia de ello.

La epidemióloga del Estado y el despedido secretario de Salud estuvieron disparatando durante febrero y parte de marzo en torno al virus, la imposibilidad de su llegada a Puerto Rico; de ahí, su improbable entrada por no haber vuelos desde o hacia China; su encubridor “no se ha corroborado un solo caso en Puerto Rico”, y su infantil y obcecada actitud de negación. Se llegó al extremo negligente de ni siquiera ejercer autoridad en el puerto sobre los barcos una vez anclados y antes del desembarco.

El Costa Luminosa que todavía estaba repartiendo pasajeros infectados con el virus en Islas Canarias ayer, fue recibido con bombos y platillos, placa y besos, y 1,400 personas entre los que estarían algunos de sus pasajeros contagiados y asintomáticos permanecieron en el Viejo San Juan, o se fueron para El Yunque durante todo el día. Todo ello a pesar de que sus pasajeros no habían sido admitidos ni en Jamaica, ni luego les darían acceso a las Islas Vírgenes.

Cuando esta negligencia y otras se investiguen, y de seguro no lo hará la secretaria de Justicia, hija de la nueva secretaria de Salud  interina, salvo para no encapsular todo documento por estar activa una investigación; se podrá documentar uno entre muchos errores brutales que no quedarán escondidos bajo la carpa del toque de queda tardío provocado por las marfiladas del gobierno.

Una lectura de la Orden Ejecutiva revela que fue escrita con mucha prisa, como todo lo que se ha hecho hasta ahora remendando e improvisando. Redondeemos a un mes el tiempo perdido y estaríamos mucho menos complicados, si las cosas se hubiesen puesto en orden, sin genuflexiones coloniales, con liderato real y no simulado, atendiendo a los expertos.

Hoy --y debió estar hace un mes-- todavía no está el cernimiento en el aeropuerto, y el del puerto ya no hace falta, pues no hay cruceros. Lo que iba a entrar de coronavirus ya está contagiando por ahí. Aunque todavía la gobernadora no haya dicho que esa es la razón del toque de queda. Hay ya probablemente demasiados contagiados en Puerto Rico. La prueba más que empírica es el caso del paciente del doctor Fernando Cabanillas, quien estaría todavía esperando por la prueba. Esto se me parece cada vez más a la negación de las muertes bajo María, la misma mentalidad torcida. Solo que ahora estamos conectado, vivos y los riesgos son reales. De ahí, lo tajante del toque de queda.

Es de notar que Trump no quiso mandatar un toque de queda y defirió esa prerrogativa, como debe ser, a los estados. Pero ¿Tiene la gobernadora Wanda Vázquez esa facultad en el territorio y hasta dónde? ¿Puede ella mandar a encerrar en los hoteles a los turistas o arrestarlos, así como a cualquier otro puertorriqueño por andar por la calle después de las 9 pm y antes de las 6 am, o durante el día por puro entretenimiento como ha intimado? Tengo dudas en lo sustantivo y en lo operacional de que pueda hacerlo. Aun así, es necesario el toque de queda.

Como sea que vaya a ajustarse, corregirse o validarse la restricción domiciliaria, no sabemos si esta será la primera quincena de varias quincenas. El referente de Trump es julio. Retardar o achatar la curva epidemiológica no es fácil, dado la pista libre dada al contagio. Esto va a empeorar y probablemente muy de prisa. Hay que proteger especialmente a los trabajadores de la salud y a los pacientes con condiciones que los vulnerabilizan. Todos podemos contagiar y contagiarnos, y nos debemos encerrar en nuestras casas. La Asamblea Legislativa debe trabajar con atemperar las restricciones, facilitar las licencias a trabajadores y las compensaciones que serán necesarias frente a los efectos.

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