José M. Medina Montes

Tribuna Invitada

Por José M. Medina Montes
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Al fiero temporal, vamos a plantarle cara

Al conocido refrán “Al mal tiempo, buena cara”, se le podría hacer una adaptación a la situación del momento, para que quedara algo así como “Al fiero huracán, plantarle cara”.

Porque en estos momentos hemos de dar paso a cualquier cosa, menos a la desesperanza. Y me voy a servir un poco de nuestro refranero que también afirma que “Dios aprieta, pero no ahoga”. Quizá alguien pudiera pensar que en esta ocasión nos apretó bastante, cosa que aparentemente podría no entenderse fácilmente.

Pues también leí recientemente que “Dios de los males saca bienes, y de los grandes males grandes bienes”. Desde luego en esos males que permite se incluirían cosas de tipo material, mientras en los bienes serían de tipo inmaterial: cosas no sometidas a la métrica empresarial ni económica, pero sí sumamente beneficiosas para nosotros, como seres humanos.

Entre esas cosas intangibles, pero reales, se encuentran el sentido de solidaridad, del que el pueblo de Puerto Rico puede hacer gala de vivirlo en grado superlativo, máxime cuando de emergencia se trata.

Y “Para muestra, un botón basta”. Me contaba en estos días un vecino, en cuyo patio tenía un tronco de árbol para cortar, que no podía hacerlo pues no tiene luz y una motosierra que tiene es eléctrica. Por otra parte, se fijó que en un condominio cercano un tronco impedía la salida de los carros, y estaban intentando cortarlo con la ayuda de una pequeña hacha, tarea que se veía casi imposible. Pues no dudó ni un momento en llevarle su motosierra, que nadie se la había pedido, ya que el mencionado condominio tenía una planta eléctrica funcionando para atender las necesidades generales del edificio.

El que la solidaridad se magnifique en tiempos de emergencia ya es un gran beneficio de la actual situación, tan llena de necesidades extremas. Y junto a la solidaridad, se ha puesto también en marcha la subsidiaridad, que nos está llevando a que cada cual trate de resolver por su cuenta lo que esté en su mano. Así, los familiares acuden a ayudar a los suyos, los vecinos a los de su área, de modo que solo se “reserven” al municipio, así como a los gobiernos estatal y federal, lo que no está a su alcance solucionar.

Con abundante dosis de solidaridad y subsidiaridad, la recuperación puede ser más rápida y, por decirlo así, más humana, por ser más personalizada.

Termino con un improvisado haiku, que es un tipo de composición japonesa, de tres versos breves y desiguales en el número de sílabas, de cuya existencia me he venido a enterar en estos días de “forzado descanso”, tras el huracán: “Escuché el viento impetuoso que asustaba / mientras la esperanza aquietaba / el corazón”.

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