Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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¿Alguien vio nueve millones?

Esta columna debió ser el final de una trilogía. La primera, “Gobernador, ¿que le parece si nos vamos?”; la segunda, “Gobernador, ¿usted vuelve?”, y la tercera: “Gobernador, ¿quién es el que patalea?”

No obstante, voy a abstenerme de poner ese título porque sé de sobra que, en estas circunstancias, es mejor no averiguar mucho.

El gobernador aseguró que la demanda interpuesta por la Junta de Control Fiscal no es más que un pataleo. Los miembros del ente, sin embargo, no tienen absolutamente nada que perder. Se pueden ir mañana, y su vida no se alterará ni un ápice. Volverán a sus negocios, a su rutina, a sus clases (los que imparten clases). Recuerdo que, cuando se hablaba de la confirmación en el Senado federal, uno de ellos, no sé si Andrew Biggs o David Skeel, expresó: “Llevo una vida tan aburrida, que pueden investigarme todo lo que quieran”. Claro que sí, hay gente que lleva vidas rutinarias, recogidas, no se dejan ver ni les interesa figurar, ni mucho menos han tenido chanchullos.

Los que no llevan vidas aburridas son los que pululan por La Fortaleza. El gobernador, al reaccionar a esa demanda de la Junta, volvió a desafiar al enemigo: “Nos veremos en la corte”. Debió decir: “Nos veremos en la corte… cuando yo regrese de París”. Dicha coletilla, que tiene su punto aristocrático, hubiera quedado que ni pintada. A esos siete —más Natalie Jaresko— nadie en su vida les ha dicho: “Regreso reventando caballos”. De hecho, esta frase solo la ha usado Napoleón, cuando se enteró que dos de sus más estrechos colaboradores, Fouché y Talleyrand, se habían reunido en secreto, a espaldas suyas.

Rosselló regresará “reventando caballos”, cuando le dé la gana, porque dijo por radio que él no había cogido vacaciones en dos años, lo cual es falso. En junio de 2018, Primera Hora publicaba una nota en la que daba a conocer que el mandatario, aprovechando un viaje a Washington, se iba a tomar unos días de vacaciones en familia, en un lugar que no quiso revelar.

Y la verdad es que las vacaciones no tienen nada de pecaminoso. Los legisladores, por ejemplo, viven eternas vacaciones, con destellos de ocio más o menos sublimes, como el proyecto recientemente radicado en la Cámara de Representantes para que todas las playas de Puerto Rico —muchas de las cuales ni siquiera tienen salvavidas—, cuenten con dispensadores gratuitos de bloqueador solar. Eso equivale a destruir el mercado de bloqueadores solares en la isla, y beneficiar directamente al vendedor de los dispensadores y la empresa que fabrica el producto. Nadie comprará el bloqueador en las tiendas porque en la playa lo regalan. El Estado complaciente puede proponer, de paso, instalar barbacoas y regalar los cortes de carne para que los ciudadanos se alimenten. En barbaridades de esa índole se entretiene en el Capitolio.

Pero volviendo al viaje de Rosselló, el problema es que ahora la situación es crítica, y nadie pensaría que un gobernador podría dormir tranquilo, lejos decasa, sabiendo que, si hubiese un ejército, que menos mal que no lo hay, la asonada militar se oiría en China. El gobernador tiene que dar gracias a Dios de que aquí no hay tanques —se pudiera pensar que estoy obsesionada con los tanques, un poquito sí—, porque lo menos que hubiera pasado, tan pronto se ausentara, es que el coronel de turno tomara las riendas del poder y le prohibiera regresar.

Aquí no hay coronel de turno. Luis Rivera Marín es lo más cercano que tenemos a eso, y no creo que esté preparando ningún tipo de derrocamiento.

Por último, la respuesta más brillante y monumental de esta semana, la dio el alcalde de Mayagüez —Millito, Guillito, o como cariñosamente le llamen—, que a los cuestionamientos de Rubén Sánchez sobre si preguntó a los agentes del FBI si él era blanco de una investigación, contestó: “No lo pregunté, ni me dijeron que sí”.

Esa es buena. Buena, buena, de las de telenovela. “No lo pregunté, ni me dijeron que sí”. ¿Cómo que no lo preguntó y no le dijeron que sí? Más bien lo preguntó, y no le dijeron que no. Esa es la verdadera lectura de la respuesta del alcalde. Es que es inimaginable que él no se interesara por saber cuál era el motivo del interrogatorio del FBI y el IRS. Así que llega la policía a mi casa, me sienta en el sofá, me interroga tomando notas, ¿y a mí no se me ocurre preguntar si soy parte de una investigación o se me acusa de algo? De verdad, nos toman por imbéciles.

La cosa es que creo que se han perdido como nueve millones de dólares en Mayagüez. Sé que es una minucia, ¿qué son nueve millones? Pero por lo menos hubiesen alcanzado para comprarle carne al tigre (el del zoológico) y manzanitas a Mundi.

El alcalde Guillito, rascándose la cabeza con el dedo índice, murmura “yo los vi por aquí” (los nueve millones), “tienen que estar por aquí”.

Ya aparecerán, que tenga calma. A mí se me pierden las llaves. El celular, a veces. Eso es normal. Se nos ha perdido el gobernador, que es más grave, y ya mismo nos manda un tuit desde la Bastilla. Hacia el 14 de julio, o por ahí, tendremos grandes noticias.

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