Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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Alianzas de verdad

En 1936, J.A. López Antongiorgi recibió 252,467 votos para Comisionado Residente como candidato del Partido Liberal. Santiago Iglesias Pantín obtuvo 144,294 votos como candidato del Partido Socialista. Iglesias Pantín resultó electo. ¿Pero cómo?

Lo que ocurre es que Santiago Iglesias Pantín también fue candidato a Comisionado Residente por el Partido Unión Republicana. En dicha columna, acumuló 152,739. Al sumarse ambas listas, obtuvo 297,033. Es decir, Iglesias Pantín apareció dos veces en la papeleta: bajo las insignias del Partido Unión Republicana y del Partido Socialista. Así, dos partidos diferentes podían establecer una alianza formal compartiendo candidaturas, sin tener que sacrificarse innecesariamente. Hoy tales alianzas están prohibidas.

Actualmente, los partidos están obligados a competir entre ellos, sin posibilidad de acuerdos formales. Las únicas alternativas disponibles son problemáticas. Primero, un partido grande le pide a los electores de un partido pequeño que lo abandonen y se vacíen como electores en el suyo bajo la promesa vaga de que gobernarán mejor que el otro partido grande. Ello deja a los electores en una situación imposible: apoyar el partido con el que coinciden más pero tiene probabilidades bajas de triunfo o apoyar el partido con el que coinciden menos pero tiene altas probabilidades de ganar.

El elector debe cruzar los dedos y depende de la buena voluntad del partido grande.

Otra opción es que un partido deje ciertos espacios en blanco en su papeleta, mientras otro partido hace lo propio, de forma que entre los dos se llene la papeleta completa. Este tipo de acuerdo es altamente informal y puede confundir a los electores. Además, no resuelve el problema de candidaturas fundamentales como la Gobernación, que en Puerto Rico es la única forma de que un partido pueda preservar su inscripción.

El esquema de 1936 atiende ambos problemas. Primero, permite alianzas formales entre partidos, de forma que puedan llegar a acuerdos y hacerlos cumplir. Segundo, permite que cada partido mantenga su independencia sin tener que sacrificarse. Con este esquema, candidatos de consenso pueden ser nominados por más de un partido, acumulando separadamente, pero combinando dichos votos para garantizar su elección en caso de que obtenga una mayoría.

Otra alternativa disponible es el llamado partido sombrilla, en donde varios grupos se juntan en una sola franquicia tipo coalición, preservando su identidad propia. En cualquiera de estos modelos se fortalece la democracia, se fomenta la cooperación y se garantiza la pluralidad de voces. Lo que tenemos no basta.

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