Celia Mir

Punto de vista

Por Celia Mir
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Alimentación en tiempos de virus: lo que debe ser vs. lo que es

Muchos estamos enterados de lo que es la nutrición y sus efectos en el estado de salud. En el aspecto educativo, reconocemos que existen cinco grupos de alimentos que deben estar representados en el plato de cada comida, de todos los individuos, diariamente. Sabemos que la salud depende de la calidad y cantidad del alimento ingerido.

En la vida real existe una marcada diferencia entre lo que se sabe y lo que se hace. Para su auto, usted sabe que si le falta gasolina, no le puede echar diésel. Usted no altera esta práctica porque reconoce que esa es la calidad del combustible que necesita su auto y que si no se cumple, se desbiela; en Puerto Rico se “esbiela”.

El no alimentarnos adecuadamente hace que vayamos hacia un desgaste. Evaluemos sus tres comidas del día, no hablemos ahora de las meriendas ni de la picadera. Observemos su menú dentro de un plato de nueve pulgadas de diámetro, en esa comida fuerte del día, en el desayuno, almuerzo y cena. ¿Incluye frutas, hortalizas (vegetales), cereales o farináceos (arroz, pastas o viandas), carnes o sustitutos, leche o derivados y agua? ¿Le faltó algo?

Si su plato frecuentemente depende de enlatados, bolsitas, frituras, repostería, refrescos, bebidas alcohólicas, embutidos, postres, etc., entonces la realidad de su alimentación presenta un vagar entre carencias y excesos. Si bien estos alimentos cumplen con el contenido de calorías, no necesariamente son nutricionalmente densos. Representan el diésel que se añade a ese motor que debe usar gasolina. Inclusive, en muchas casas ni de esas calorías hay.

En nutrición, las deficiencias no surgen de inmediato, pueden tardar meses y años. Los primeros signos de deficiencias nutricionales suelen ser ansiedad, necesidad de comer extremadamente rápido, debilidad, cansancio, palidez, apatía, pérdida de agilidad mental, insomnio, dolor de cabeza, falta de concentración, agresividad y otros. Los estados de malnutrición no permiten que el sistema inmunológico responda eficientemente.

Siempre habrá justificaciones para quienes se alimentan inadecuadamente; todas hay que atenderlas. Algunas son la falta de recursos económicos, la escasez y disponibilidad de los alimentos, grupos sociales abandonados, enfermos, etc. Una para la cual no encontramos escudo alguno es cuando un pueblo tiene necesidad y no se actúa con urgencia.

Lo que es: el hambre causada por el impacto del desastre biológico, la pandemia del COVID-19, provoca desdicha. La malnutrición facilita el desarrollo de enfermedades y no apoya al sistema de defensa corporal. 

Lo que debe ser: el gobierno, sus agencias pertinentes y los programas de asistencia nutricional deben actuar de inmediato.

Una alimentación balanceada, con variedad y moderación, salva vidas. No esperemos a ocuparnos de lo que debe ser cuando lo que realmente es ya haya causado un cuadro de desbalance socioeconómico y de enfermedad.

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