Madeline Ortiz Rivera

Punto de vista

Por Madeline Ortiz Rivera
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A los protagonistas del “Verano del 19”

Ha comenzado esta semana un nuevo ciclo educativo, sinónimo de oportunidades, metas y sueños por cumplir y construir. Surge una nueva vida que se gesta marcada significativamente por los hechos del “Verano del 19”. Esta experiencia tan importante necesita de una mirada igualmente significativa. Desde la reflexión amplia y profunda, el “Verano del 19” puede convertirse en un verdadero acontecimiento transformador de nuestra identidad puertorriqueña. 

Propongo partir del relato bíblico de Pentecostés (Hechos 2:1-13), cuando se encendieron, desde una simbología hermosa, flamas del fuego del Espíritu en los corazones de los discípulos(as) de Jesús. Contemplando esta imagen nos preguntamos: ¿Cuáles fueron los sueños y visiones de los jóvenes tan llenos de ese Espíritu sensible y humano en este “Verano del 19”? 

¡Soñaron a su país libre de corrupción y de injusticias! 

¡Vieron a un país unido y lograron hacerlo realidad!

Ustedes, jóvenes, demostraron que sí poseen la semilla de esperanza para que otro mundo sea posible; otras relaciones sociales se hagan realidad; que puede existir otro modo de gobernanza. Esa semilla es de esperanza cuando nos humanizamos y escuchamos los gritos y reclamos de nuestra gente que sufre y trabaja. 

Ustedes, jóvenes, poseen un Espíritu sensible, fiel a esa realidad que desenmascara las mentiras y que combate incansablemente la maldad. ¡Ustedes actuaron como Jesús! Frente a la maldad, reaccionaron con un amor incontrolable, dispuesto a dar de la propia vida para lograr libertad, sanación y plenitud. Se parecieron tanto a Jesús…  

Ustedes, jóvenes, nos dieron una lección magistral en espiritualidad. Nos enseñaron que no es una realidad estática y ajena a los problemas sociales. En ustedes vive ardientemente el espíritu de Jesús, ético y misericordioso, sensible a los sufrimientos de su pueblo.  Un espíritu que los llevó a liderar una salida masiva a la calle para gestar un proceso de liberación, de dar forma a lo que debe ser una justicia estructural. Jóvenes… ¡Así se hace creíble la experiencia diversa y plural de Dios en nuestra historia! 

Su fidelidad y gallardía es una esperanza activa, un signo visible de que la realidad puede cambiar para bien en Puerto Rico. Trabajemos más fuerte por un futuro bueno, más justo y humano, buscándolo y construyéndolo, desde un espíritu de gratitud y celebración ante el logro alcanzado.

Hoy más que nunca, tenemos el reto de acompañar a los jóvenes, gestando corazones sensibles como el de Jesús, desde una ética humanizadora; para que continúen siendo visionarios, valientes y emprendedores, corresponsables y partícipes en la construcción de un nuevo país. Gestando una nueva gobernanza que garantice estilos de vida saludables, sustentables y equitativos para todos y todas; así seremos testigos de esa comunidad puertorriqueña más solidaria en la justicia y la paz. ¡Cuenten con nosotros!


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