Rafael Hernández Colón

Tribuna Invitada

Por Rafael Hernández Colón
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Al pueblo le resbala el status

El Gobierno convocó a votar en un plebiscito para la inmediata descolonización de Puerto Rico. Gastó millones de dólares para que el pueblo asistiera y emitiera su voto. Y el pueblo se fue para la playa.

Este acontecimiento encierra un mensaje profundo. El pueblo está hastiado del discurso del coloniaje. Le resbala. Solo tiene vigencia entre la clase política y la clase mediática. El pueblo está hastiado del debate sobre el estatus político. Tiene enormes problemas: la crisis fiscal y la contracción económica. Sabe que el estatus político no va a cambiar. Sabe que atribuirle la crisis y la contracción al estatus político es una negación de la clase política ante problemas generados por el mal gobierno y el gasto público desenfrenado.

En su profunda sabiduría el pueblo se fue para la playa. Sabía que el ejercicio al cual se le convocaba era partidista. El resultado no representaría la voluntad colectiva. En su intuitiva vocación democrática entendió que una papeleta cargada a favor de una de las alternativas carecía de legitimidad y de eficacia para producir resultados ulteriores. En su discernimiento comprendió que el Congreso había establecido un procedimiento y el Gobierno optó por no seguirlo por lo cual el resultado del plebiscito sería inconsecuente. Y se fue para la playa.

El mensaje es para enfrentar las causas reales de nuestros problemas y concentrar todas nuestras energías en resolverlos. Basta ya del escape emocional, ideológico y político de atribuirle los problemas al estatus. Basta ya de victimizarnos como incapaces de resolver nuestros problemas. Podemos resolverlos. Se requiere visión y voluntad política.

Hay que trabajar con los instrumentos a mano incluyendo a la Junta reconociendo la necesidad de la reestructuración y de parar los pleitos aunque detestemos el poder adicional que le confirió el Congreso.

Es lamentable que ante este mensaje el Gobierno insista en llevar los resultados al Congreso para gestionar la estadidad. Esto hará daño al movimiento estadista y a Puerto Rico. Al movimiento estadista porque ya le rechazaron los resultados artificiosos del plebiscito de 2012. Le señalaron el procedimiento para producir unos resultados que permitieran al Congreso considerar seriamente la petición. No lo siguieron. Los resultados están maculados por la falta de certificación del Departamento de Justicia y por la bajísima participación del electorado. Insistir en la estadidad bajo estas circunstancias le resta credibilidad al movimiento estadista y al Gobierno actual de Puerto Rico.

También, le hará daño al pueblo en la medida en que su Gobierno invierta una parte de sus energías en estas gestiones ante el Congreso cuando debería concentrar todas sus energías y sus esfuerzos en resolver problemas como la falta de paridad en Medicaid, la necesidad de instrumentos adicionales de desarrollo económico, y defendernos de los recortes del presidente Donald Trump.

A la luz del mensaje del plebiscito el Gobierno no va en la dirección correcta. Todavía está a tiempo para desistir del curso que lleva. ¿Será posible esperar que la realidad prevalezca sobre la ideología?

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