Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Al rescate económico de la zona montañosa

A ocho meses del paso del huracán María, las líneas que demarcan las diferencias entre los varios Puerto Rico que conviven en una misma isla, se hacen más evidentes. Diversos estudiosos han manifestado, y coincido, que el huracán María destapó las grandes diferencias socioeconómicas que existen en la población puertorriqueña. Hemos chocado con la dura realidad: hay amplios sectores en extrema pobreza, rezago y un subdesarrollo inaceptable para el Puerto Rico del siglo 21.

El huracán también dejó al descubierto la frágil infraestructura sobre la que está fundamentada el país y la debilidad gubernamental para poder implementar de forma efectiva un plan de recuperación.

Por razones económicas y lamentablemente, también políticas, uno de los riesgos al que estamos expuestos como pueblo en estos momentos, es que haya municipios y regiones que se queden en condición de rezago social y económico permanente porque los esfuerzos de rehabilitación post-María no sean adecuados.

Además de los municipios de Humacao y Yabucoa, que experimentaron gran devastación por ser el punto de entrada de María, la región central de Puerto Rico experimentó grandes pérdidas. Antes de pasar al planteamiento principal de la columna, exhorto al gobierno a atender con la mayor rapidez posible los esfuerzos de recuperación en ambos pueblos. El nivel de desespero y tragedia social ha sido ampliamente documentado por El Nuevo Día.

Previo al impacto del huracán, los pueblos del centro de la isla ya experimentaban grandes desafíos económicos y sociales, incluyendo altas tasas de desempleo, de hasta 25% en algunos casos, un alto nivel de pobreza, emigración y alta dependencia en programas de subvención social. La situación económica en la región central también ha provocado una gran estrechez fiscal, que amenaza la solvencia financiera de muchos pueblos del interior de la isla.

Ocho meses después del huracán, todavía la situación de la región está lejos de normalizarse. El cuadro es desolador, toda vez que la infraestructura sigue en mal estado, es amplia la destrucción de viviendas, las pérdidas materiales y el cierre de negocios, hechos que caracterizan la realidad de esa región.

Pese a sus limitados recursos, los ayuntamientos se convirtieron en la primera respuesta al estado de emergencia luego del huracán. Hoy, siguen haciendo lo que pueden para mantener la mayor estabilidad posible dentro de la dificultad imperante.

La falta de energía por un período tan prolongado, en los pueblos de la montaña, agudizó la crisis en la que ya estaban muchas de las economías municipales tierra adentro. Las deprimidas arcas municipales, apenas permiten a los gobiernos municipales encaminar una rehabilitación rápida y efectiva que los devuelva a la normalidad. Las industrias emergentes como la agricultura, la gastronomía (chinchorreo) y el turismo, que cobraban fuerza en esta región, quedaron seriamente afectadas por María. La ruta para la recuperación puede ser larga y dolorosa, si no se articula un programa coherente por parte del gobierno central y las autoridades federales.

De no acelerar el programa de recuperación en la región central, corremos el riesgo de provocar una reacción en cadena de quiebras de ayuntamientos municipales, toda vez que el programa de ajuste fiscal eliminó las subvenciones del gobierno central a los municipios. Las industrias y comercios pueden verse igualmente afectados en la medida en que no regrese la energía en su totalidad, y se acelere la emigración a los polos metropolitanos de Puerto Rico. De materializarse este escenario, corremos el riesgo de que la región central se convierta en una gran zona despoblada y permanentemente deprimida, lo cual puede crear serios desbalances en el resto del país.

Afortunadamente, estamos a tiempo para evitar la tragedia descrita anteriormente, pero se requiere un plan integrado de inversiones en mejoras de capital, de desarrollo de viviendas, e inyección de recursos para la revitalización económica de la región central de Puerto Rico. El multimillonario desembolso de ayudas federales debe darle prioridad a esta zona y las acciones deben estar enmarcadas en viabilizar el desarrollo sostenible a largo plazo de la región.

Este plan debería fundamentarse en los siguientes puntos:

Energía: Un sistema energético confiable fundamentado en las microrredes y fuentes de energía renovable (ver modelo implementado por Casa Pueblo en Adjuntas).

Infraestructura: Un programa estratégico de inversión en carreteras, puentes, telecomunicaciones y abastos de agua que modernice la infraestructura y fortalezca la competitividad de la región para la atracción de industrias.

Planificación urbana: La reconstrucción de viviendas y comunidades debe gestarse de manera inteligente y planificada, para reducir los efectos de nuevos desastres naturales.

Desarrollo económico: Un plan económico que permita a los gobiernos municipales junto con el sector privado y el gobierno central, promover el desarrollo de industrias en las cuáles la región tenga ventajas competitivas. La región debe visualizarse como un ente integrado para atraer turismo y fomentar la agricultura.

Ideas sobran, solo falta ahora la voluntad de ejecución y pensar en grande junto a nuestros hermanos de la montaña.

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