Zoé Laboy Alvarado

Tribuna Invitada

Por Zoé Laboy Alvarado
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A luchar con respeto por la UPR y el País

Soy jerezana; orgullosa egresada de la Universidad de Puerto Rico y, como a muchos, me preocupa la difícil situación que enfrenta. La protección de la UPR y de lo que representa para miles de estudiantes que merecen acceso a una educación de primera, debe ser responsabilidad de todos.

Pero seamos realistas.  Ojalá no tuvieran que hacerse recortes al presupuesto de la Universidad, pero la situación fiscal de la Isla nos impone sacrificios a todos. Lamentablemente, la decisión de qué medidas se implantarán para salir del hoyo no es únicamente del gobierno. Nos guste o no, la Junta de Supervisión Fiscal tiene el poder legal de imponer sus medidas que, según hemos visto hasta ahora, las ha tomado sin pensar en el impacto que tendrá sobre nuestra gente.  Esa Junta es el precio que estamos pagado por perpetuar la colonia.

Tanto el Primer Ejecutivo y la Legislatura, como la Administración de la UPR estamos trabajando para buscar soluciones, dentro de las limitaciones que impone la JSF.  Muchos estudiantes y académicos también han hecho lo propio, presentando ideas con responsabilidad y respeto.  

Pero otras acciones han dejado mucho que desear, apartándose de los principios básicos de sana convivencia e irrespetando los derechos de los demás.  

De todas esas instancias, una de las que más me ha impactado y que con mayor fuerza condeno fue la acción de estudiantes que irrumpieron de forma violenta a la reunión que sostenía la presidenta y la Junta de Gobierno de la UPR.  Me dio pena y vergüenza ver cómo una mujer joven se convertía en verdugo de otra. Me pregunto si la estudiante habrá reflexionado sobre qué hubiese sentido si viera que su madre, una tía o una amiga hubiese sido tratada de la forma en que ella trató a la presidenta.

Acciones como esa dan marcha atrás a los avances para lograr equidad y respeto hacia la mujer. Tenemos que ser solidarias unas con otras, sin importar el rol que ocupemos.  Debemos ser ejemplo de que la violencia contra la mujer es reprochable y condenable.  

Ante el inminente riesgo, no le dejaron otra alternativa a la presidenta, que no fuera firmar un documento que no debe tener valor alguno, pues se logró mediante la coacción.

Estas acciones no pueden tolerarse.  Se puede diferir con respeto, se puede reclamar con respeto, se puede luchar con respeto.  Basta ya de tratarnos como enemigos u enemigas, en lugar de como conciudadanos y conciudadanas.

Defiendo el derecho de todas y todos a diferir y a expresarse; pero ese derecho es tanto para unos y unas como para otros y otras.

Al grupo de estudiantes que han participado de estas acciones les exhorto a hacer un alto y preguntarse si los mecanismos que están utilizando son los más efectivos para levantar sus argumentos. Pero más allá, si son justos y reflejo de la educación que intentan proteger.

Con cada acto violento, no solo cometen delito, sino que se alejan del diálogo, que es la única vía para proteger a la UPR.

¡Alto a la violencia! Respetemos lo que nuestra institución representa.

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