Arturo Massol Deyá

Tribuna invitada

Por Arturo Massol Deyá
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Alumbra la luz del Posterriqueño

Tres años atrás propusimos y, desde entonces, impulsamos el desarrollo de un alumbrado exterior de alta eficiencia energética como propuesta a la dependencia en la quema de combustibles fósiles y al alto costo de la energía.

En 2013, a los consumidores de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) les costó sobre $114 millones encender a diario sobre 550,000 postes de alumbrado público en el País, según datos de la propia Autoridad.

Además de Puerto Rico representar una fuente de contaminación lumínica para el planeta, también se requiere la quema de casi medio millón de barriles de petróleo anualmente.

En ese momento tocamos a la puerta de profesores de la Facultad de Ingeniería del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) donde trabajaban modelos rústicos de luminaria interior. Con la propuesta de Casa Pueblo, se inició un proceso que en diciembre de 2013 produjo su primer prototipo. En aquel entonces era el “proof of concept”. O sea, demostrarle al País que existen alternativas para enfrentar nuestros obstáculos, generar riqueza, lograr ahorros energéticos, reducir emisiones de gases de efecto invernadero y crear empleos.

Un año después instalaríamos en Adjuntas los primeros tres postes con una segunda generación experimental. Con este paso, profesores y estudiantes del RUM reforzaban el compromiso de superar desafíos complejos para lograr transformar una propuesta comunitaria a una realidad técnica de ingeniería.

Durante un año, un núcleo selecto de estudiantes guiados magistralmente por los profesores Pedro Resto y Fabio Andrade completaron la tarea diseñando un circuito eléctrico con luminaria LED de la última generación que cumple con la larga lista de requisitos técnicos de la AEE.

Con el uso de 55% menos energía, el Posterriqueño, como ha sido bautizado, se podría alcanzar un ahorro anual de $63 millones en consumo eléctrico, lo que a su vez autofinanciaría la transformación del alumbrado público. Esa eficiencia energética podría reducir nuestra huella ecológica equivalente a evitar quemar 300 mil barriles de petróleo respondiendo de manera afirmativa a los retos planetarios de reducir gases que promueven calentamiento global.

Para atender el asunto de enfriamiento de la luminaria –elemento crítico para garantizar su vida útil y operación óptima– el estudiante colegial Manuel Chaar diseñó una carcasa estilizada que actúa como disipador de calor como los viejos motores de Volky que se enfrían por convección natural del aire. Por su parte, el corazón del circuito eléctrico conlleva gran innovación y calidad técnica. El prototipo final y desde ahora comercialmente disponible utiliza difusores de luz para controlar la contaminación lumínica, entre otros avances.

El Posterriqueño podría durar unos 20 años, lo que supone menos mantenimiento, mejor servicio de seguridad pública y cuesta menos que la competencia. Se manufacturará en la Fábrica Modelo del RUM con capacidad instalada para producir y ensamblar 200 luminarias al día mientras los estudiantes serán parte de su empleomanía. No solo podrán graduarse con un título universitario sino también con experiencia laboral.

Mientras unos discursan sobre activación económica, aquí hemos construido una ruta puntual de desarrollo para el ambiente y para la gente. De igual manera, la producción del Posterriqueño constituye también una forma novedosa para allegar fondos a la UPR.

Hemos sudado una ruta que reta la economía de consumo por un proyecto económico de producción, con beneficios para todos y todas excepto para quienes venden petróleo o bombillas del extranjero. Tampoco hay buitres detrás sino la Universidad y Casa Pueblo: academia y autogestión.

El 19 de diciembre, presentaremos el Posterriqueño en Casa Pueblo. Al caer la noche en Adjuntas, iniciará una nueva etapa de esperanza. Muy pronto el Posterriqueño ofrecerá iluminación y seguridad en la UPR. Luego podría ser una urbanización de residentes organizados, en la montaña o los municipios de la zona metropolitana.

Cuando camine en la noche por algún rincón de la Isla pregúntese, ¿y cuándo el alcalde o la AEE modernizará este alumbrado o reparará los postes fundidos con el producto de nuestro ingenio boricua?

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