Bernardo Pilatti

Punto de vista

Por Bernardo Pilatti
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Amanda Serrano y su aula de boxeo simétrico

Amanda Serrano ofreció una exhibición perfecta para vencer a Heather Hardy y conquistar su novena corona en siete divisiones diferentes. Como ella lo manifestó, en sus declaraciones posteriores, es este su peso natural (pluma, 126 libras) en el que se siente más fuerte y la evolución de la batalla no dejó dudas sobre su afirmación: se vio mejor que nunca y hasta pudo ganar tan temprano como en el primer asalto.

Felizmente Hardy sobrevivió, ajustó, emparejó y fue la socia perfecta para construir una batalla inolvidable. Una pelea que sacó lo mejor de las dos rivales y que necesariamente inscribe lo visto en una verdadera aula de boxeo. Sin exageraciones. Amanda tuvo la batuta y consiguió enseñar al mundo que su impresionante estadística es el resultado de sus innegables atributos boxísticos. 

Es verdad que hasta el momento no ha sido fácil para la campeona boricua convencer a todos sobre sus potencialidades. Ella ha arrasado con todo a su paso y su dimensión en el ring opacó cualquier tipo de oposición a lo largo de su brillante carrera. Y precisamente el boxeo consigue ser evaluado en su justa medida cuando se deben superar las tormentas en aguas profundas. Heather Hardy fue esa rival digna, de alta técnica, rápida, experimentada, de buena resistencia al golpeo y de una sincronizada inteligencia boxística. 

No es fácil para nadie superar a Hardy como lo hizo Serrano. No por un acaso la estadounidense llegó invicta a esta pelea, con veintidós victorias y apenas cuatro nocauts. ¿Qué significa esto? Muy sencillo, ella no es una noqueadora, es una artista del ring, una estratega única, con lectura exacta del combate, con acertado uso de sus desplazamientos, con quirúrgica efectividad para conectar sus golpes y una velocidad mental diferente para sumar punto sobre punto en cada asalto.

Hardy había ganado siempre sus combates a partir de la disciplina casi militar para crear y ejecutar su plan de pelea 100% táctico. Y como toda exponente del boxeo elusivo-técnico, ella siempre va de menos a más. De la forma que destruyó esa rutina, precisamente, Amanda Serrano dejó la primera enseñanza de su aula de boxeo perfecto.

Primera y segunda clase: romper el plan de Hardy

Es tan viejo como el boxeo que, en cualquier choque de estilos, en este caso, la oponente más técnica será la que demorará en ajustar. Un factor esencial para que así sea siempre es la necesidad que tiene la estrategia cerebral de ser ajustada a lo que trae la rival de turno. Es su virtud y su defecto: nutrirse primero de información sobre el oponente para después neutralizarlo, fastidiarlo y finalmente anularlo a puro toreo.

Esa sería la esperada estrategia de Hardy. Serrano le rompió ese ajedrez. Sorprendió a todos arrancando más agresiva que nunca y puso toda su artillería en la mismísima corta distancia en el mero primer episodio. La ahogó, la anuló, la abrumó y llevó su volumen de golpeo al “puro agobio”. Cortó el ring de manera perfecta, le impidió cualquier salida y la castigó de una forma como jamás la habían castigado a Hardy. Las cuerdas evitaron su caída y la campana salvadora evitó la catástrofe.

Serrano en ese primer asalto mostró dos cosas. En primer lugar, el trabajo previo, la preparación de la pelea, porque esa forma de empezar no fue algo espontáneo, allí hubo estudio de la rival, pizarrón para establecer el camino correcto e inteligentes decisiones.

El segundo detalle fue ese espectacular trabajo en la corta distancia. Serrano superaba a Hardy por tres centímetros de alcance. Bajo esa condicionante, pelear en el primer anillo y sobre una baldosa, soltando metralla y acertando de la manera que lo hizo, también es trabajo previo, es rutina extenuante en el campamento. Solo de esa manera se consigue la efectividad sin errores.

Tercera y cuarta clase: la efectividad en cualquier distancia

El segundo asalto mostró la clase de Heather Hardy para trabajar su recuperación encima del cardio, robando minutos de respiración al asalto y llevando la elusividad a su máxima expresión. La estadounidense hizo magia pasando golpes, cuerpeando y bloqueando los durísimos trallazos de Serrano. La boricua no pudo en ese episodio llevarla a las cuerdas y debió renunciar a su primer objetivo: ganar por KO.

Hardy recuperada y ajustando de prisa era más peligrosa de lo imaginado para Amanda. Hablamos de una peleadora acostumbrada a ganar en el juego táctico, en el puro boxeo, habituada a golpear y salir o provocando errores de la rival con sus trayectos cortos y robar asaltos explotando esos errores.

Y aquí viene la nueva clase de Amanda. Hardy ajustó su plan al tipo de pelea inicial de su oponente: el manejo entre la corta y la media distancia. Fueron uno o dos asaltos de transición donde Serrano nos dio otra aula defensiva. Sin dejar de lado su agresividad, literalmente le rompió cada secuencia que intentó Hardy y la obligó a salir sin lograr sorprender con los volados por arriba de la guardia, una de las maniobras favoritas de la estadounidense, que siempre le rinde dividendos en la visión de los jueces. Se tuvo que conformar con buscar la zona media de Amanda, a la que conectó varias veces, pero no le hizo ni cosquillas.

Pasada esa transición, Serrano se estableció en el lugar donde mejor funciona su boxeo, donde se vuelve letal y aterradoramente efectiva en el acierto: la larga distancia. Con ese golpeo sistemático, sus combinaciones fueron destruyendo a Heather, que solo estuvo acertada saliendo por piernas, a veces, o en el juego de cintura para eludir, golpes, a veces.

Serrano ganó su batalla bajo una única definición que la representa: victoria simétrica. Porque lo tuvo todo, porque controló los tiempos de pelea, controló las distancias, así como controló su plan de pelea y el de su rival. En la simetría predomina la unidad, el equilibrio y sobre todo la armoniosa perfección, un detalle no se le puede negar a Amanda Serrano. 

Al final, nadie dudaba de quién sería la victoria de forma unánime en las tarjetas. Los tres jueces vieron la pelea 98-91, 98-91, 98-92 a favor de la puertorriqueña. Amanda conquistó su noveno cinturón en siete divisiones y se transforma en un verdadero fenómeno del boxeo mundial.

Esta conquista avala su increíble estadística, pero, por sobre todas las cosas, le pone un marco de altísimo respeto a su capacidad boxística, a su talento y sobre todo a la disciplina táctica. Esa disciplina que empieza mucho, pero mucho tiempo antes de cada pelea. Cuando se estudia al rival, se le valoran sus potencialidades o se detectan sus carencias y se construyen estrategias para contrarrestarla, sorprenderla y destruirla como lo hizo Serrano.

Es cierto que Amanda ha ganado mucho en su carrera, sus números hablan por sí solos, pero necesitaba vencer como lo hizo el viernes en Nueva York. Su carrera merecía una rival complicada y exigente como Hardy, para que sus méritos alcanzaran el rango de indiscutibles. El requisito previo y obligatorio de toda atleta llamada a convertirse en una leyenda.

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