Rafael Juarbe Pagán

Punto de vista

Por Rafael Juarbe Pagán
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A mirarnos desde la tragedia de Kobe Bryant

En ese instante que nadie ha podido compartir, donde el suspiro final se acerca y la vida se apagará inminentemente sin esperarlo, no ha habido caja negra que nos permita captar esos últimos pensamientos. Nos ha tocado a todos inferirlo e imaginarnos, irremediablemente, ser los protagonistas de esa tragedia. En ese pase de revista biográfico que creemos transcurriría en segundos, la vida, imagino, nos debe confrontar con nuestras acciones o al menos, eso creemos. No he conocido alguien que esté listo para ese momento. Lo vivido por Kobe Bryant, sin dudas, nos lleva a creer que está aún más cerca de que ocurra para cualquiera y en cualquier momento. 

Ante tanta solidaridad vista en redes sociales, donde el mundo ha rendido homenaje a una vida que llenó de lustre el baloncesto, de amor a la paternidad y de desprendimiento su filantropía, no faltaron errores. Errores como los tenemos todos y que justificamos muchas veces cuando son los nuestros o de alguna figura amada. Verlos nos resulta muchas veces muy complejo y dedicamos más tiempo a fijarnos en los ajenos, sobre todo de quienes no forman parte de nuestros círculos íntimos. Errores de personas que de la misma manera que nosotros amamos, son amadas por alguien. 

En mi caso, desde el momento de leer el primer tuit anunciando lo lamentable, luego de superar el mismo llanto que ahogó de pena al mundo, he dedicado mi tiempo a revaluar cada paso dado y revisar cada palabra dicha o escrita. He rebuscado en mis redes. He empezado a intentar enmendar cada oración, en especial aquella que dedicó un segundo a juzgar y maltratar. He pensado a quién le resté tiempo. A quién humillé, a quién ofendí y a quién no atendí cuando merecía toda mi atención. He mirado con ojo crítico a leer cada post dedicado a etiquetar conductas.

Cada paso dado en esa dirección me restó tiempo a proponer, a pensar y a desarrollar con creatividad, alternativas dirigidas a soluciones y a construir desde lo posible...no a destruir desde lo que entendía incorrecto. He empezado a evitar el cinismo como herramienta de comunicación. El nuevo código moral, que confío me seguirá y que espero me rija el resto de vida, será el que guíe la comprensión al otro. Sin aspirar a pensar que la verdad es una sombra perfecta que me persigue en cada discurso y como tal debo imponerla a cada escenario. Utilizar mejor nuestro tiempo en dar amor a quienes nos necesitan y a brindar nuevas perspectivas desde la tolerancia y el cariño a quienes se distancian de cómo vemos la vida. A saber que si nos sentimos diferentes, tal vez a causa de algún pensamiento novedoso y de envergadura, la forma para adelantarlo debe ser cuidadosa, sensible. No debe el objetivo perseguido justificar medios. A saber que la mejor manera de vivir es reconociendo que la vida, desde la diferencia, nos hace realmente crecer. 

Ante la inesperada pérdida de ese ídolo mundial, invito a mirarnos desde la tragedia. A intentar evitar que nos llegue de imprevisto lo inevitable sin haber hecho lo suficiente por ser mejores en la tarea diaria de mirarnos por dentro.

Lea también la columna de Raymond Dalmau sobre Kobe Bryant.

Vea:  Kobe: un atleta fuera de serie

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