Adrianne G. Tossas Cavalliery
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Amor en el aire

El tema del amor no puede separarse de la química y las hormonas. En los humanos, la sensación de enamoramiento está muy ligada a la hormona oxitocina, que permite el apego, confianza, empatía y acercamiento. De hecho, se le llama la hormona del acurrucamiento o del amor.

Sin embargo, en las aves, otra hormona, la testosterona, es la responsable de dar inicio a las conductas reproductivas. En la época de apareamiento, la producción de esta hormona hace que el macho dirija hacia la hembra elaborados despliegues de cortejo y defienda agresivamente el territorio de reproducción. Mientras, la hembra evalúa estas características, que le sirven como indicadores físicos de la condición de salud del macho con el que podría tener sus hijos. Todo esto es parte de un proceso evolutivo en el que el más apto pasará sus genes a futuras generaciones.

Este proceso de selección natural ha provocado que los machos tengan plumajes muy vistosos y coloridos, así como una grandiosa habilidad para cantar. Los gallos y pavos reales muestran ejemplos extremos de plumajes atractivos. ¡Es de todos sabido, cómo estos machos alardean de su belleza! Por otra parte, están los cantantes, que buscan atraer a las hembras con sus melodiosas vocalizaciones. Éstas son capaces de distinguir y escoger entre diferentes machos de su especie por el virtuosismo de sus repertorios.

La celebración del mes del amor coincide con el comienzo de estas conductas de apareamiento en las aves, como preámbulo a la primavera. Cuando escuchemos las aves en sus conciertos mañaneros recordemos que ellas no cantan para deleitarnos a nosotros sino que buscan llamar la atención de una pareja. Y más aún, que cualquier similitud de los despliegues de cortejo entre machos de humanos y aves no es por pura coincidencia. Es debido a la testosterona, que producen muchas especies como resultado de la evolución desde un ancestro común.

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