Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Amor en los tiempos del coronavirus

¿Estaremos a tiempo todavía para acotar esta epidemia? Esta es la pregunta crucial que debemos plantearnos. La epidemia de COVID-19 está en su etapa inicial en Puerto Rico. ¿Será posible vencerla? Existen modelos de otros países, algunos exitosos, otros desastrosos en su respuesta a la epidemia. De ambos podemos aprender. ¿A cuáles queremos emular? 

Antes que nada, un poco de trasfondo. ¿Cómo se producen estas epidemias? Primero, llega alguien de fuera del país que, o está padeciendo la enfermedad, o la está incubando. Esta persona puede ser un extranjero, o un nativo que viajó fuera del país y regresó con la enfermedad. Paso seguido, entra en contacto, directa o indirectamente, con un residente del país y lo infecta. Una vez esa persona se infecta puede a su vez contagiar a otro nativo. Esto último se llama transmisión comunitaria (“community spread”).  Así se siguen contagiando otros sucesivamente, y eventualmente ya cuando el virus se encuentra en la comunidad general, no se sabe quién infectó a quién. ¿En qué etapa estamos en Puerto Rico? Al cierre de esta edición hay 126 pruebas realizadas por el Departamento de Salud, con 21 casos confirmados, 90 negativos y 29 pruebas pendientes. Hasta este momento no parece haber transmisión comunitaria, por tanto, estamos a tiempo para acordonar esto. 

Pero los datos independientes del Hospital de Veteranos son preocupantes. En 24 horas reportaron 6 casos nuevos. De 54 pruebas, 7 fueron positivas, 24 negativas y 23 pendientes. El 23% de positividad sugiere transmisión de un paciente a otro… pero no sueltan prendas. Tambien hace falta transparencia por los federales.

En el norte de Italia, el sistema de salud colapsó totalmente. No hay suficientes camas ni respiradores. Tienen enfermos en los pasillos. Los médicos exhaustos. Nosotros no podemos darnos el lujo de llegar a ese punto.  Les exhorto a que escuchen este video impactante y conmovedor de un médico italiano con consejos sabios a los países que están a principios de epidemia: “quedándonos en casa es la única manera de parar el contagio”. Esta recomendación ha sido avalada por expertos infectólogos estadounidenses. 

Nuestra gobernadora enfrenta un reto sumamente serio y difícil. Es mi deber felicitarla. Tuvo que seleccionar entre hacer una decisión simpática versus una muy antipática. Lo último significa un encerramiento total que tiene un costo económico enorme y también un costo político para las próximas elecciones, si es que realmente van a llevarse a cabo. Eso está por verse, y dependerá de la epidemia y de los fondos disponibles. 

¿A qué países debemos imitar? El gobierno de Nicaragua ha organizado manifestaciones públicas masivas en todo el país. Tomando prestado el título de la novela de García Márquez “Amor en los tiempos del cólera”, nombraron estas manifestaciones “Amor en los tiempos del COVID-19”. Me parece muy original y simpático, pero no es una alternativa recomendable. Es exactamente lo contrario de lo que debemos hacer: evitar la aglomeración. Tampoco es recomendable hacer como el presidente de México, que en medio de esta crisis lo han filmado abrazando y besando mujeres y niños.

¿Cuál es el país que ha tenido más éxito y cómo lo ha hecho?  Sin duda, China. A los chinos parecía habérseles escapado el asunto de las manos hasta que el 23 de enero decidieron tomar cartas en el asunto. ¿Cómo lo hicieron?  En medio de una epidemia fuera de control, los chinos tomaron medidas tan drásticas como el encierro de 50 millones de personas en lo que es la cuarentena más grande de la historia. Cerraron todas las residencias, comercios y escuelas. Los investigadores chinos recientemente determinaron que antes de que el gobierno comenzara la nueva norma de ordenar pruebas diagnósticas agresivamente, seis de cada siete casos pasaban desapercibidos. Esa situación es análoga a la situación actual en los Estados Unidos y Puerto Rico, donde las pruebas de PCR no están ampliamente disponibles. Una vez en China liberalizaron los criterios para ordenar las pruebas, lograron identificar muchos más casos y además pudieron rastrear sus contactos más eficazmente para ponerlos en cuarentena.

En su peor momento, se estaban registrando en China 2,500 casos diarios y ahora ha bajado a casi cero. En países en que no utilizaron tempranamente el encerramiento, se ha observado que el número de casos se está duplicando cada cuatro días. Queda por verse si al terminar el encerramiento se recrudecerá la epidemia. Es importante señalar que estas medidas drásticas tomaron un mes antes que surtieran efecto en disminución del número de nuevos casos. Es importante señalar que en Puerto Rico, el toque de queda ha sido implantado con una duración máxima de dos semanas, por tanto, no se sorprendan si no vemos un cambio inmediato en el número de casos nuevos.

Si usted es un buen puertorriqueño, quédese en casa y no salga a menos que sea estrictamente necesario. Y de tener que hacerlo, mantenga al menos seis pies de distancia con otras personas. 

Algunos piensan que la policía se aprovechará del toque de queda para abusar de la ciudadanía y discriminar en contra de algunas minorías. Hay que monitorear este aspecto cuidadosamente.

En síntesis, el toque de queda equivale a invertir un antiguo comercial que decía “vuele ahora y pague después”. Debemos en vez pensar “pague ahora y vuele después”. La otra alternativa no es válida, porque si no sobrevivimos no será posible pagar después.

Finalmente, en una reciente entrevista en TV, Julio Rivera Saniel comenzó diciendo que “hay que hacerle una placa a Cabanillas”. Muchos me paran en los pasillos para halagarme por mi “valentía”, algo que no acabo de entender. ¿A quién, o a qué, es que se supone que yo le tenga miedo y cuál es el riesgo que enfrento? ¿Que me carpeteen? Ya lo hicieron en los 70s y bastantes disparates que dijeron. ¿Que me despidan del empleo? Ya lo intentaron en 1970.  ¿Que me metan preso?  Casi lo hicieron en 1970 cuando, con mi esposa encinta, rechacé el servicio militar obligatorio y rehusé participar en la guerra de Vietnam.  Ya ven que tengo vasta experiencia. ¿Se supone que después de viejo le coja miedo a quién?

Por favor, Julio, no merezco esa placa, pero espere un momento… pensándolo bien no la desechen, quizás más adelante la reclame por haber permanecido encerrado en casa y en el hospital, por la duración del toque de queda… pero no por simplemente dar la batalla para que se le hiciera una prueba necesaria a mi paciente con COVID-19. 

Cierro con esta cita: “Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas”. Ayer acudió una enfermera a mi oficina llorando porque había escuchado que yo estaba en las puertas de la muerte, grave con coronavirus. Como diría Trump: “Fake news”.


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