Héctor F. Ortiz Vidal

Tribuna Invitada

Por Héctor F. Ortiz Vidal
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Amor inclusivo, solidario y respetuoso

El 14 de febrero de cada año se celebra el día de San Valentín. También, conocido como el día del amor y la amistad. Los cristianos, al acercarse la celebración de esa fecha, no debemos olvidar que el evangelio de Jesucristo y el reino de Dios, está fundamentado en el amor ágape de Dios. Un amor ágape de Dios que se celebra todo el año e incluye a las personas que están cerca de nosotros al igual que aquellas que están bien distantes de nosotros.

Para hablar de este amor ágape de Dios es menester comenzar por las Sagradas Escrituras. En la Primera Carta de Juan, 4:16b se nos dice… “Dios Es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.”

Por otro lado, la Primera Carta del Apóstol Pablo a los Corintios en el capítulo 13 nos presenta un himno al amor. Se dice que es la mejor definición que la Biblia ofrece sobre lo que es el amor. Este himno utiliza el término griego, ágape, para hablar del amor. Y este amor del cual nos habla el pasaje, es el amor de Dios. Un amor que se hace disponible al ser humano a través de nuestra fe en Jesucristo.

El amor ágape de Dios significa uno darse por el otro sin que el otro tenga que completar al que da el amor. Es benevolencia invencible. Es amar a pesar de. El amor ágape de Dios es Jesucristo encarnado, crucificado y resucitado. Es el dolor que redime; la amargura que crea; el sufrimiento que se hace fortaleza y la desesperación que tranquiliza.

Primera de Corintios capítulo 13 es un himno que describe este amor ágape de Dios. Este pasaje bíblico nos señala también, que los seres humanos no pueden condicionar este amor ágape de Dios a la preparación que ellos puedan tener en el orden teológico, filosófico o científico. Tampoco este amor ágape de Dios es un engendro de una obra filantrópica, ni la mera dación del cuerpo humano en sacrifico por tal o cual causa.

Parece obvio que el amor ágape de Dios, del cual nos habla este himno, es una naturaleza que el creyente desarrolla, para enfrentarse a las negatividades de la existencia. De acuerdo con este himno, el amor que proclama la fe cristiana es uno que: es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso; no se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. Asimismo, no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad; todo lo disculpa, todo lo cree y todo lo soporta.

La inferencia que se deriva de estos principios, es que el amor ágape de Dios es una condición que se crea en el ser del creyente a partir de su encuentro con Jesucristo. Ese amor impacta de tal forma al ser humano que produce un cambio radical en los valores últimos de la persona. Es un mundo nuevo; se ve diferente y la vida se vive a plenitud.

Todo amor humano se enriquece y profundiza cuando somos bautizados en este amor ágape de Dios. Si algo necesita nuestro pueblo, en esta hora de su historia, es descubrir ese amor ágape. Solo, así podremos transformar nuestra tierra y hacerla un lugar mejor donde poder vivir.

Por último, ese amor ágape de Dios nos invita hoy a: ser inclusivos, solidarios y respetuosos con todos los seres humanos; a cuidar nuestro planeta y ser personas amigables con el ambiente; a construir un nuevo Puerto Rico donde la justicia y paz se besen; a cultivar el diálogo y consenso con todos los sectores del país; a sanar nuestras vidas, familias y comunidades.

Repitamos como el poeta Amado Nervo una vez dijo: Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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