Bárbara I. Abadía-Rexach
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Andando la calle sola

“Ando con el pepper y las llaves entre los dedos”, dice una mujer de 40 años que anda la calle sola.

“Estoy harta de las miradas lascivas y los comentarios que me hacen los hombres dondequiera que voy”, comenta una mujer de 22 años que anda la calle sola.

“¿Un taser?”, preguntó incrédula, al recibir un aparato de descarga eléctrica como obsequio de parte de su padre, una mujer de 35 años que anda la calle sola.

“Me da miedo caminar de mi hospedaje a la universidad”, confiesa una mujer de 19 años que anda la calle sola.

Cuando escucho comentarios como estos, me conflictúa responder: “Ten cuidado”, “Mantente alerta”, “No uses el teléfono móvil mientras caminas por la calle”, “Asegúrate de estacionar tu carro en áreas concurridas e iluminadas”, “Llámame cuando llegues a tu casa”, entre otras recomendaciones comunes entre las mujeres. Estas salvedades no se las hacemos a los hombres todos los días.

Los hombres no manifiestan los miedos ni comparten las estrategias con las que sobreviven diariamente las mujeres. Estas enfrentan constantes expresiones de violencia de género, violaciones, actos lascivos y hostigamiento sexual.

En 2015, cuando la cantautora Ivania Zayas, de 38 años de edad, murió atropellada por un hombre, un policía expresó: “Tenemos que investigar qué hacía una dama a esa hora cruzando esa avenida”. Cientos de mujeres puertorriqueñas reaccionaron publicando fotos en las redes sociales con el hashtag #AndandoLaCalleSola.

En 2019, mientras la gobernadora Wanda Vázquez Garced anunciaba un “Estado de Alerta” ante la violencia de género en el país, una joven universitaria de 22 años fue violada cuando caminaba de noche por Río Piedras. Muy probablemente la víctima estaba alerta, pero la ausencia de las políticas públicas para atender el Estado de Emergencia la convirtieron en víctima del Estado y de la sociedad y en presa fácil para un desalmado violador que cree que puede violar a cualquier mujer que ande la calle sola.

Que a la hora que sea, por donde sea y con la ropa que sea, todas las mujeres puedan andar la calle sola. Que a ninguna hora, por ningún lado ni ofuscados por la vestimenta de una mujer, los hombres anden la calle violando.


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