Eunice Santana Melecio

Punto de Vista

Por Eunice Santana Melecio
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Ánimo: esto también pasará

“Esto también pasará” es una frase que recordamos al enfrentar situaciones difíciles en nuestra vida como la que estamos atravesando con la pandemia del coronavirus. Estas palabras exponen una aseveración de que las cosas han de cambiar y encierran una promesa tácita de que dicho cambio será positivo y que, por tanto, podemos vislumbrar un futuro mejor. No se trata de palabras huecas, ilusiones vanas, optimismo trasnochado o esperanza anclada en la magia, de brazos cruzados y espera de que algo suceda a nuestro favor mientras nada hacemos. Esta afirmación viene acompañada de experiencias concretas que forman parte de nuestra fe y de nuestra realidad cotidiana; de acciones valientes, que asumimos para enfrentar lo que sea que nos quiera doblegar.

Cuando hemos perdido a un ser querido y pensado que nunca volveríamos a ser felices, a superar el vacío que su partida dejó en nuestro ser, hemos encontrado ayuda al informarnos sobre las etapas del duelo y movido a poner en práctica consejos sabios de personas entendidas en la materia. Cuando algún proyecto en el cual teníamos cifradas grandes expectativas se nos frustra y parece que nunca más saldremos del atolladero de pérdida de confianza en nuestros criterios y ejecución, identificar las causas y cómo corregir cualquier fallo de nuestra parte nos renueva las energías creativas para comenzar de nuevo. Cogernos pena y paralizarnos nos deja estancados/as. Confiar en que lo que sea también pasará y cooperar para que esto se haga una realidad nos anima, sugiere nuevas posibilidades de acción y combate la depresión.

Ya somos testigos de grandes cambios que van ocurriendo, como el de la naturaleza que se está renovando y reclamando su espacio. Las formas de trabajar y estudiar se transforman. La vida familiar se rearticula. Las desigualdades en la sociedad se hacen cada  vez más evidentes, haciendo imposible seguir negando y escondiendo la pobreza de unos y la avaricia y mezquindad de otros, como para quedarnos cruzados/as de brazos. 

Confiando en que es posible vencer este virus, la comunidad científica, tanto a nivel nacional como internacional se ha unido a conocerlo, estudiarlo y desarrollar formas de detenerlo y destruirlo. Así como otras pandemias han sido dominadas en el pasado, esta también pasará. La solidaridad se va convirtiendo en una forma natural de convivencia comunitaria. En algunos países grupos enemigos se van uniendo en búsqueda de alivio y soluciones comunes. La generosidad y la compasión se van convirtiendo en expresiones normales que promueven la reciprocidad y multiplicidad de actos de bondad en diversas maneras y latitudes.

Desde la fe afirmamos que esto también pasará y al pasar ha de dejarnos más fuertes, más valientes y más humildes, porque la esperanza cristiana que conocemos y practicamos no es cruzarnos de brazos, orar y esperar que ocurran milagros. Nuestra esperanza es radical: nos lleva a identificar la raíz de los problemas para poder atacarlos con certeza. También es activa: nos inspira y mueve a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para erradicar el mal. Esta esperanza no se da en el vacío: se fundamenta en el amor que vence al odio, la vida que vence a la muerte y la justicia que se levanta contra todo acto de injusticia para derrotarlo. Nos desafía a movernos, a identificar y a crear cosas nuevas, a anticipar la dirección de los cambios y a aportar para que la sensatez venza la imprudencia.  

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