Pedro R. Ortiz S.

Punto de vista

Por Pedro R. Ortiz S.
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Ante la pandemia, educar en lo que más vale

La actual pandemia que se ha desatado por el coronavirus, una enfermedad que se conoce desde por lo menos 3,000 años A.C., ha sido motivo de medidas salubristas a nivel global para tratar de contrarrestarla antes de que tenga consecuencias de las que mejor ni hablar.

Por supuesto, la Iglesia como “Madre y Maestra” ha ejercido su mejor oficio pastoral y educativo a través de la historia y ahora, también se ha unido al esfuerzo y se ha requerido la suspensión de rituales religiosos, de actividades pastorales de diversa índole, así como la modificación temporera de aspectos de gran simbolismo en los cultos de fe. 

Pero es bueno que desde el principio se deje claro que la modificación temporera de actos y de cosas formales no debe implicar una renuncia de creyentes y no creyentes al imperativo fundamental que en todos nosotros debe primar, el compromiso de amor a nuestros semejantes.

Todo lo contrario. Ahora es momento de demostrar la amistad y la solidaridad en su sentido más profundo. Hay que ocuparse de los que dependen de cada uno de nosotros. Es importante que el miedo al contagio no paralice nuestras acciones. Ahora, lavarse las manos con agua y jabón es un acto de amor para prevenir los contagios. Estar pendientes de familiares y vecinos que necesiten ayuda médica es algo de extrema urgencia.

Los que están ocupando puestos de autoridad y poder en el país, tienen que hacerse cargo de que deben dejar a un lado eso de las relaciones públicas ventajeras y, sobre todo, que no es momento de aprovecharse para repartir contratos inútiles y corruptos. El espectáculo grosero que algunos políticos montaron durante los huracanes, así como en los temblores, ya comienza a asomarse, pero tiene que cesar.

Los que tenemos la tarea de atender el alma, seamos sacerdotes, pastores o ministros, nos enfrentamos también a la necesidad de mostrar con actos nuestra fe. Los feligreses de las iglesias tienen que compartir esa responsabilidad ética y evangelizadora. Para los que compartimos la fe en Cristo, esta temporada de cuaresma, con los sacrificios que nos impone la situación dolorosa de la pandemia, ayuda a que se purifique nuestro compromiso. Pero además es bueno recordar que el camino hacia el calvario no termina en la muerte sino en la resurrección.

El día de mañana, cuando recordemos esta temporada especial de cuaresma, será para los que afronten su responsabilidad algo más que el recuerdo de lo doloroso que fue. Será el recuerdo de cómo el pueblo salvó al pueblo. Será la alegría de recordar cómo nos sobrepusimos a los embates y logramos resurgir con mayor fuerza espiritual para hacernos cargo de nuestras vidas.

Entre otras cosas, habremos tenido la experiencia de ver mucho más allá del saludo ceremonial de la paz, para trabajar en serio con la paz de espíritu. No se trata solo de repartir medicamentos o de promover medidas dehigiene, se trata de una oportunidad para reflexionar corazón adentro de las cosas que de verdad nos hacen falta a todos. 

Para decirte te quiero no tengo que darte la mano. 

Busquemos verdaderamente lo que más vale.

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