Rolando García

Tribuna Invitada

Por Rolando García
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Ante nueva amenaza ciclónica

Luego de presenciar la devastación causada por el huracán Irma, uno de los ciclones más poderosos, de mayor tamaño y que más energía ha liberado en el Atlántico y el Caribe, debemos contemplar sus repercusiones en la infraestructura del país, que ya se prepara para recibir el embate directo del huracán María, que cuando entre en contacto con Puerto Rico podría mantener categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, con vientos sostenidos que podrían superar las 156 millas por hora (mph).

Para tener parámetros comparativos, es importante recordar que el huracán Hugo, que impactó a la isla en el 1989, tuvo vientos sostenidos de aproximadamente 130 mph y el huracán Georges, en el 1998, alcanzó vientos de 115 mph.  También es relevante recordar que Hugo y Georges provocaron daños en la Isla estimados en $1,000 y $6,000 millones, respectivamente.

Considerando que el huracán Irma tuvo vientos sostenidos de sobre 180 mph, y que la fuerza generada por vientos aumenta en relación al cuadrado de la velocidad (Por ejemplo, 3 mph representan nueve libras de fuerza y 4 mph representan 16 libras), es difícil estimar cuál habría sido la situación en Puerto Rico de haber recibido el embate directo de tan impresionante fenómeno natural.

Ciertamente no hubiese nada sido alentador nuestra realidad.   Evidencia de esto son los estragos confirmados en las islas vecinas de Barbuda y San Martín, que se encontraron en el paso directo del  poderoso huracán.

Reconociendo que la velocidad máxima de los vientos sostenidos registrados en la isla de Culebra rondaban las 90 mph, es meritorio observar en qué tipos de estructuras se concentraron los daños ocurridos en ese municipio, así como en de Loíza, Vieques y otros pueblos.

Los huracanes generan altas cargas laterales en las estructuras. La mayoría de las casas afectadas (por Irma), tanto en las islas vecinas como en Puerto Rico fueron  livianas, es decir, estructuras cuyo sistema estructural primario está construido de madera o acero  con paredes delgadas. Estas construcciones son altamente dependientes de las conexiones entre los distintos elementos de ésta y es común encontrar deficiencias en esta área tan relevante. La capacidad a carga lateral de estas estructuras, de no haber sido debidamente diseñadas y construidas, es notablemente baja.  Por eso es importante recordar el refrán “una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones”.  Aunque estas estructuras pueden ser diseñadas y construidas para resistir vientos huracanados, es común encontrar una edificación carente de buen diseño y un montaje artesanal.

El comportamiento de estas estructuras contrasta notablemente con sus contrapartes construidas en mampostería reforzada y hormigón. Las estructuras en hormigón, que comprenden la mayoría de las estructuras en Puerto Rico, son una mejor opción, aunque pueden ser un poco más caras. Siempre y cuando hayan sido diseñadas y construidas según los códigos correspondientes, proveen amplia resistencia ante huracanes, siendo las aperturas (ventanas y puertas) su punto más débil. La capacidad de carga lateral de estas también es mucho mayor que la de las estructuras livianas, haciéndolas superiores para este tipo de ambiente.

Supone una locura hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Por eso, debemos aprender de los eventos recientes y alejarnos de la construcción que inherentemente es menos resistente a huracanes. Recordemos que la llegada del próximo huracán María será solo cuestión de solo horas.

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