Nelson Gabriel Berríos

Tribuna Invitada

Por Nelson Gabriel Berríos
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A nuestros boricuas ausentes

Desde la distancia sé que sufrieron y lloraron con el corazón partido el despiadado azote del huracán María a nuestro amado Puerto Rico. Las imágenes de destrucción las vieron antes que nosotros pues aún no podemos mirar televisión aquí en la Isla al permanecer sin electricidad, sin agua, sin celular ni internet. Nos esperan meses así.

Lo que difícilmente pueden imaginar ustedes, los boricuas al otro lado del charco, es la furia de este monstruoso huracán y sus ráfagas de desolación. El aterrador aullido de los vientos en la oscuridad, la angustia de escuchar cómo se estremecían puertas y ventanas, la lluvia interminable que inundó las casas, ver volar techos dejando a miles sin hogar, pensar en la muerte. Las fotos y videos dan una idea pero no es lo mismo vivirlo. Hugo y Georges fueron un paseo en comparación con María, que nos cambió la vida el 20 de septiembre. Esta vez la destrucción arropó toda la isla, de San Juan a Ponce, de Fajardo a Rincón. Puerto Rico parece azotado por una bomba atómica. Puerto Pobre. Miles de árboles secos. Casas destruidas. Edificios dañados. Ciudades inundadas. Un pueblo consternado. El colmo fue estar incomunicados al fallar las telecomunicaciones. Aún no logramos hablar con familiares en pueblos lejanos y es casi imposible viajar lejos sin gasolina para moverse. El llanto aflora al abrazar a alguno tras días sin saber cómo estaba.

El Puerto Rico que vivimos no lo reconocerían. Cada gestión cotidiana, desde comprar pan, sacar dinero de la ATH, ir al supermercado, echar gasolina al auto en candunguitos rojos, se complica al requerir filas de larguísimas horas. Nunca había visto tanta gente a pie por las avenidas. La basura no la recogen y hay que llevarla a donde nos indican. Los placeres pequeños son tomarse un vaso de agua fría, aliviar el calor bañándose con botellitas o vasos, hablar y reír (sí, aún reímos) con los vecinos en la noche tras el toque de queda. Y atentos porque en algunos lugares están robando, en especial plantas eléctricas, gasolina, agua y alimentos. Imaginen esto no por días ni semanas sino por meses.

Sé que se han movilizado para ayudarnos. Gracias. Tres millones de gracias de los que estamos acá. Los necesitamos tanto. Hacen falta $30,000 millones para poner de pie a Puerto Rico. No nos dejen solos.

La patria es más que el sonido del coquí, el sabor de la alcapurria o bailar al ritmo de Despacito. Puerto Rico tiene rostros que ustedes conocen bien. En la estrella y las franjas de nuestra bandera están los rostros de la madre amorosa, del papá que te extraña, de la abuelita que te cuidó tanto, tus hijos adorados, tus hermanos, tus primos, los buenos amigos de los que no te separa ni un océano. Sé que si alguna vez te has percatado de que estás unido para siempre a este pedazo de paraíso es ahora. Nuestra isla está destinada a resurgir verde, esplendorosa y transformada, mejor que nunca. Pero no lo haremos sin tu apoyo.

Ustedes serán siempreparte de este Puerto Rico que hoy les reclama un abrazo solidario. Gracias por tanto amor que nos une al continuar latiendo juntos con un mismo corazón boricua. 

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