Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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A oscuras la credibilidad de Puerto Rico

A estas alturas, parece obvio que nadie en su sano juicio debe poner en duda que la recuperación de Puerto Rico tras el devastador paso del huracán María será larga y muy difícil.

Si quedaba algo de incredulidad, el informe que le ha enviado el gobernador Ricardo Rosselló Nevares al Congreso, en el que enumera las tareas que habrá que emprender para levantar la infraestructura del país, debería ser suficiente para convencer al más escéptico.

Entonces, hay que preguntarse por qué la administración Rosselló Nevares sigue enfrentando tantos obstáculos en Washington, en el Congreso y la Casa Blanca, para obtener el aval que necesita para que fluyan los miles de millones de dólares que pueden hacer realidad esa recuperación.

La respuesta es una y es terrible: no hay credibilidad. Una administración joven -con menos de un año en el gobierno- que ha cometido errores de esos que minan la confianza y que son complicados de reparar, es vista con recelo por quienes controlan las decisiones.

La causa de esa desconfianza tiene nombre corporativo: Whitefish Energy Holdings, la inexperta y pequeña compañía de Montana con influyentes  conexiones en la administración Trump que consiguió un contrato de $300 millones para trabajar en la recuperación eléctrica de Puerto Rico, dañada en un 80% según el informe sometido al Congreso.         

Rosselló Nevares ordenó rescindir el contrato y forzó la renuncia de Ricardo Ramos, el ahora exdirector ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica señalado como responsable de la contratación, pero el embrollo legal que se anticipa que provocará la cancelación promete ser tan grave como el resultado de las investigaciones que se realizan aquí y en Washington en torno al asunto.         

Las consecuencias políticas las pagará Rosselló Nevares, quien ha intentado desvincularse de cualquier participación en el escándalo a pesar de la responsabilidad cuando menos vicaria que no le será posible eludir.         

Whitefish lo ha empañado todo. A pesar de que solo trabajaba en una parte de las reparaciones eléctricas, lo cierto es que su polémica contratación sustituyó lo que dictaba la lógica, que se acudiera en primera instancia a la entidad que agrupa a las compañías eléctricas de Estados Unidos y que finalmente vino al rescate con brigadas de distintos estados para colaborar con las brigadas de la AEE que trabajan desde el primer día en el restablecimiento de la infraestructura energética.         

La tarea de la recuperación, ya lo dijimos, será larga y complicada. Y cuanto más tardemos en conocer lo que pasó exactamente en el caso Whitefish, más cuesta arriba será reparar los daños a la infraestructura y movernos hacia la optimización que estamos obligados a alcanzar para evitar otra catástrofe como María.         

A la par que se labora en la restauración de lo material, hay que trabajar en la recuperación de la confianza perdida que nos ha dejado también a oscuras.         

Que no se nos olvide prender la luz de la transparencia.

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